Carta a Francisco Ruiz-Cortina Reimóndez E-mail
Domingo, 02 de Marzo de 2008

En Jerez, a 26 de Septiembre de 2.007
Fdo: F. Javier Coveñas Oliver

Sin habernos repuesto aún de la reciente pérdida de nuestro añorado Lete, nos sorprende la noticia del repentino fallecimiento, a mediodía de un caluroso martes de septiembre, de su primo Francisco Ruiz-Cortina Reimóndez. A Paco lo conocí desde muy niño, dada mi vinculación familiar con la Hermandad de “Las Angustias” a la que él tanto cariño profesó. Fue en los últimos años cuando se acrecentó nuestra amistad y para ello no fue óbice nuestra diferencia de edad, pues era persona dada al acercamiento y a depositar su confianza en los más jóvenes. Al escribir estas letras me doy cuenta de lo afortunado que fui, al haber podido compartir con él tan reconfortantes y animadas charlas en compañía de otros dos amigos, a los que un buen día y durante su mandato de Hermano Mayor nos encomendó la tarea de acometer la reforma estatutaria de la Hermandad. Los muros de la antigua Capilla del Humilladero son mudos testigos del ambiente de paz y serenidad que reinaba en aquellas reuniones que siempre se prolongaban hasta altas horas de la noche. Confío en que su familia habrá sabido disculpar sus frecuentes demoras en volver a casa.  

Y es que Paco, además de gran conversador, se distinguía por ser persona que desprendía una gran bondad. Sí, esencialmente era un hombre bueno, y sobre todo, discreto. Precisamente los hombres buenos se caracterizan, entre otras cosas, por lo que hacen y no cuentan. Así era Paco. ¿Cuántos de sus amigos ignoraban los puestos de responsabilidad y cargos de confianza que llegó a ocupar en firmas y empresas de primer orden?. Él siempre prefirió pasar desapercibido, pese a su más que reconocida calidad humana y profesional.

Como persona de iglesia era un convencido y convincente católico, de los que tan faltos andamos. Impulsor de obras de caridad, propiciador de vocaciones sacerdotales, propulsor de iniciativas de la formación para los más jóvenes..., en definitiva, un fervoroso creyente practicante. Qué decir de su condición de cofrade: comprometido y entregado a su hermandad, perfecto embajador ante el resto de corporaciones, defensor del patrimonio y de las tradiciones de nuestra Semana Santa y penitente siempre fiel a su túnica.

Reflejo de su buen hacer, son vivo ejemplo su viuda Mª Pepa, sus cuatro hijos y su querido nieto Gonzalo. Todos los que le queríamos, en el nuevo tiempo que nos toca vivir con su ausencia, tendremos en él un ejemplo de virtud y rectitud que seguro nos reconfortará y nos servirá de guía.

Amigo de sus amigos, siempre educado, siempre correcto y siempre prudente. Persona sin alardes ni estridencias, y sin afán de esos protagonismos, a los que últimamente estamos tan acostumbrados. De ahí lo lamentable de su pérdida, porque desafortunadamente no son muchos -más bien pocos-, los que se conducen por la vida con esta actitud bondadosa, honesta, educada y discreta. Así fue Paco en todas las facetas de su vida, y aunque sé que él nunca hubiera permitido –ni remotamente- que nadie resaltara ni uno solo de sus méritos, quien ahora escribe y que se considera su amigo, no puede dejar de revelar y hacer que trasciendan, en la hora de su muerte, las muchas virtudes que atesoraba.

Nos queda el consuelo de poder recordar los momentos y experiencias compartidas, y la seguridad, de que nuestra amadísima Virgen de Las Angustias lo habrá acogido en su seno para presentarlo ante el Padre. El Señor sabrá perdonarle, antes que a otros, las faltas que pudiera haber cometido. Hasta siempre amigo.

En Jerez, a 26 de Septiembre de 2.007
Fdo: F. Javier Coveñas Oliver

 

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