Balcón abierto: pasa una cofradía E-mail
Lunes, 18 de Agosto de 2008
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Balcón abierto: pasa una cofradía
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 Andrés Cañadas MachadoReproducimos la charla de que el hermano Andrés Luis Cañadas Machado ofreció hace algunos años en las Noches Nazarenas de Santa Marta, en su séptima edición, titulada "Balcón abierto: pasa una cofradía".

 

 

 

 

 

 

 

 

Balcón abierto: pasa una cofradía.
Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias

Me gustaría que conmigo, Vds. Se situaran en la semipenumbra del Domingo de Ramos, cuando las claridades de un día solemne como pocos, jubiloso de palmas y voces infantiles, entregan el testigo de un relevo repetido a las estrellas. Me gustaría que percibieran ese aroma inconfundible que exhalan los naranjos en flor, de la Corredera, al confundirse con el incienso que prendido por amor comienza ya a extenderse por los cuatro confines de Jerez, tratando de purificar nuestras calles y plazas para que por ellas pase –representación plástica de un profundo fervor popular la Pasión y Muerte de Cristo–

Y mientras a lo lejos, allá por la calle Bizcocheros retumban los tambores de la Coronación, contemplen como se abren las puertas de una vieja y modesta Capilla –donde dice la historia que fuera venerada la Virgen de los Siete Cuchillos , dando paso a una doble y silenciosa fila de negros penitentes –cíngulo de esparto, cirio en alto, que precede a la Santísima Virgen de las Angustias, pequeña, bonita. Piropo a flor de labios, lágrimas que asoman al compás de una saeta que rompe como ráfaga de luz– la creciente oscuridad, de una jornada jubilosa que se marchita con el presentido dolor de la muerte del Justo

Me gustaría poseer la técnica de una cámara, la habilidad de un pintor, para con la palabra poder transmitirles ese bellísimo encuadre del encuentro de una Madre con sus hijos, de la Virgen con su pueblo. Para proyectar todo un itinerario penitencial por los recoletos rincones de la calle Higueras, por la empinada cuesta de Cruces u Hortas Cáliz, bajo la frondosa arboleda de la Alameda Vieja –que parece llorar su abandono– o por la Corredera, de regreso al templo, cuando la flor del azahar se deja caer al suelo, para que sobre ella pase –tapiz de blanco color– la pena negra y profunda de una soledad sin consuelo.

Y completaría la estampa con el sonido de una Salve, tras las puertas de gruesas hojas de madera, a la que el antifaz pone sordina para que la emoción no se desborde y las lágrimas no vengan a turbar, aún más el dolor de la Madre, cuando tras recorrer Jerez se queda a solas, en el interior de su Capilla, con su Hijo muerto en los brazos.

Mucho me temo, sin embargo, que con mi pobre y torpe palabra no sepa, siquiera, describir esta noche una escena que todos Vds. conocen, que a buen seguro les hizo vibrar los mas escondidos registros de la emoción, contemplando esa mezcla de infinita tristeza, de dulzura, de Nuestra Señora de las Angustias.

Por eso, vaya por delante mi disculpa, junto con un sincero agradecimiento a la Hermandad del Santísimo Cristo de la Caridad en su Traslado al Sepulcro por la gentileza que tuvo al invitarme a tomar parte en estas Noches Nazarenas de Santa Marta, en su séptima edición, en mi condición de cofrade de las Angustias, para que fuera yo quién les hablara de mi Hermandad. Otros muchos, por supuesto, lo hubieran hecho bastante mejor.

Varias fueron las ideas que tuve, a la hora de plantear esta breve charla y otras tantas las negativas que en mi interior surgieron pues pensé que poco o ningún atractivo tendría para Vds. una exhaustiva y cronológica relación de los acontecimientos que jalonan la vida de la Hermandad, hablarles de los orígenes –que se pierden en el tiempo, en la destrucción de unos archivos –como de las idas y venidas, por mor de las circunstancias, hasta lograr un asentamiento definitivo, un punto de partida coherente y fundamentado que sin interrupción llegara hasta nuestros días.

Estimé, por el contrario, mucho más positivo, en consonancia con el encargo que me hiciera la Hermandad organizadora, que esta breve intervención debería tender más a dar a conocer determinados aspectos de la vivencia cofradiera de los hermanos de las Angustias, sin otro afán que el de abrirles a Vds., de par en par, las puertas de nuestra casa, en la que día a día un grupo de personas, hombres y mujeres –especialmente jóvenes– no tiene otro norte, otro objetivo mas entrañable que el de tender una escala de amor entre la tierra y el cielo, por donde suban, en apretado manojo, oraciones y piropos para la Santísima Virgen de las Angustias.

Y dentro de esta línea, voluntariamente elegida es precisamente el amor el que marca la singladura de las próximas palabras.¿Por que qué es si no un derroche de amor lo que han logrado, bajo las trabajaderas, empapados en sudor, tensos los músculos por el tremendo esfuerzo, de nuestros mas íntimos amores.

Fui yo –y es prerrogativa a la que no renuncio sin que ello tenga otro mérito que el de una simple ocurrencia– quién les bautizó con ese apelativo, popular ya en Jerez, de “los costaleros del Amor”, con el que el pueblo, apiñado en las aceras, saludaba a su paso, acompasado y preciso, por calles y plazas de nuestra ciudad, portando a la bendita imagen de nuestros mas íntimos amores.

Y que bien marca este gesto, de un grupo de jóvenes cofrades, la esencia misma del espíritu que vive una Hermandad, de las líneas que informan su actuación cotidiana, lejos de esa otra etapa que en la hora presente nos hemos empeñado en relegar, por estimar que son otras las exigencias que nos plantea la propia vida, que circunstancias diferentes nos impulsan por caminos nuevos mas en consonancia con el momento que vive la Iglesia, a la que debemos servir dentro de los cauces que se señalan para el apostolado seglar.

 



 

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