Pregón de Semana Santa 1990 E-mail
Viernes, 29 de Mayo de 2009

Manuel Ruiz-CortinaExtracto del Pregón de 1990 de la Semana Santa pronunciado por el hermano D. Manuel Ruiz-Cortina Reimóndez.

Jerez de la Frontera, Domingo de Pasión 1 de abril de 1990.

Iglesia Parroquial de San Miguel.

 

 

 

 

 

 

 

 

CONFESIÓN PÚBLICA

Madre mía de las Angustias, flor única del jardín más frondoso. Espejo escalofriante de esta pobre humanidad mía.

!Aquí estoy! Tú mejor que nadie, sabes por qué.

Consuelo constante de mis enormes problemas.

Alegría que rebosa, cuando a tus ojos me miro, que, aunque no los fijes en mí, pues los tiene fijos en el Padre, siento tu mirada interior, sublime y comprensiva.

Camino seguro de mis súplicas. Mano confortadora que sale de tu manto y que sin posarla, como no pudiendo comprender, a mí si me has comprendido.

Guía y sendero de este pobre hombre cofrade que sólo viéndote siente seguro el consuelo.

Madre que has reunido ante Tí, por Tí y para Tí, como nueva Arca de la Alianza, a la familia cofrade de este humilde pregonero.

No ha habido, ni habrá mujer como Tú. ¡Cuanta comprensión, cuánta ayuda, cuánto consuelo y cuánto amor ha recibido de Tí este pregonero!

Tú me lo has dado todo. Y yo, Madre, ¿qué te ha dado yo?

Como vulgar traidor, como imperdonable cristiano, como hombre ruin y malvado, te he clavado. Sí, ¡te he clavado! los siete puñales que atraviesan tu corazón desgarrado.

Perdóname, Madre, por haberte clavado el puñal del abandono, primero; el puñal de mi poca entrega, después; el puñal de mi mal obrar y hacer, ha sido mi tercera puñalada.

La poca fe que me sustenta sé que también la llevas clavada en Tí. Al igual que he abierto por quinta vez ese bendito corazón con mi falta de caridad.

La abulia, la inconstancia, la falta de responsabilidad, mantienen hundido el sexto puñal.

Y Madre, Madre mía de las Angustias, ese siete bíblico, que no sé si es siete, setenta o setenta veces siete, son las llagas que causan mi falta de amor en tu corazón.

Madre, ayuda a este cofrade que se está confesando hoy aquí. Ayúdale sobre todo, a que tenga mas amor. Amor en primer lugar a Tí, a los suyos, a los que le rodean y al que le causa dolor y ofensa.

Amor, Madre, igual al que tu Hijo nos dejó en ese Mandamiento Nuevo.

Un amor que rompa barreras de egoísmo e incomprensiones. Un amor que asome como luz potente a nuestros ojos apagados y tristes. Un amor, en fin, que muestre al verdadero cristiano, al verdadero cofrade.

Un amor como el que yo veo en Tí, bálsamo de mis dolores, ayuda en mis quebrantos y alegría de mis penas.

Madre, este hijo tuyo, pecador de pecadores, quiere hoy aquí públicamente, pedirte perdón. Perdón por todo el dolor que te ha causado. Perdón por lo que por él has sufrido. Perdón por todos sus errores y fallos.

Pero, por favor, no me dejes Madre mía. No me dejes de tu mano. Pues yo no quiero herirte más Madre.

Ayúdame Tú a que así sea.
Que tu cara de perfiles inconstantes
siga siendo mi aliento y mi fuerza.
Pues por mucho que yo quiera,
sin Tí, sin tu ayuda no soy nada.
Madre, que con la Madre estás,
Tú mejor que nadie puedes
pedir más que yo suplicar.
Entre la Una y la otra está
pedir a Aquel que todo concede
que la buena senda yo pueda encontrar.
Si por Una estoy yo aquí ahora,
la otra no pudo mejor obrar.
¡Qué suerte tengo, Dios mío!
Si la una fue buena,
la Otra lo es más.
¡Qué suerte tengo, Dios mío!
que las dos, seguro, ahora mismo
por mí, pidiéndote están.

 

COSTALEROS, ¡SÓLO POR AMOR!

Queridos amigos:

No sé lo que sentiréis, pero sí sé lo que siente este pregonero cuando a la vuelta de cualquier esquina de nuestras elegantes y señoriales calles jerezanas, en una noche fría del mes de enero, se encuentra casi sin darle tiempo a pensarlo, con uno de nuestros pasos, medio cubierto por mantes y en silencio casi penitencial, arropado sólo por la oscuridad de la noche y por un grupo, las más de las veces numeroso, de hermanos y hermanas, padres o hijos, cofrades en hermandad que comparten los itinerarios de entrenamientos.

A este pregonero, hermanos, se le erizan los vellos de su cuerpo y le sube, aún cuando a su cara asome una sonrisa, un nudo a su garganta de emoción contenida, satisfacción llena y añoranza repetida cada año.

Sí, hermanos, ¡cómo voy a olvidar algo que me hace sentirme orgulloso y plenamente realizado! ¡Cómo voy a olvidar todas y cada una de las vivencias, por demás imborrables, de aquellos entrenamientos con mis hermanos! cuando ello, para muchos, no dejaba de ser una utopía, o lo que es peor, una idea descabellada. Porque, hermanos, hubo quien me dijo, en tono irónico e impropio de un cofrade, que eso no era labor nuestra. Que aparte ya de que no podríamos conseguirlo, le parecía una barbaridad y una insensatez. Ella, hermanos, me ha permitido ver como aquel cofrade, después de varios años, ha cargado también sobre sus hombros con la Imagen de su cofradía.

¡Bendita insensatez! ¡Entrañable barbaridad! Hoy, después de diecisiete años, todas nuestras Hermandades cuentan con cuadrillas de hermanos costaleros y alguna hasta con dos.

No debo ni puedo olvidar a ese hombre que, a pesar de su edad, con gran visión de futuro, propia de su innata juventud, inició con más corazón y coraje que fuerzas, este hermosa andadura. A este hombre, a Manuel Olmedo, el "Papi" de Jerez, mi reconocimiento.
[...]

 

MARÍA, PRIMERA MUJER COFRADE

[...]
Y, hablando de Ti, Madre, a la que veo constantemente con ese Hijo doblado sobre tu cuerpo, quiero, desde aquí, recordar a esas mujeres cofrades que con tanto cariño y amor son las sostenedoras calladas y no reconocidas nunca de nuestras queridas Hermandades.

Esas mujeres cofrades que, con ese espíritu sencillo han sido siempre las fortalecedoras de nuestra entrega cofradiera.

Primero, como madres que saben inculcar en nuestros corazones esas devociones, manteniéndolas en nuestra juventud.

Segundo, a esas novias que no solo no adormecen las inquietudes cofrades de sus novios, sino es más, las avivan y fortalecen.

Y, cómo no a nuestras mujeres, a nuestras esposas, que tanto saben del sufrimiento callado de nuestra entrega cofradiera. Lo soportan, lo alivian e incluso nos empujan y alientan a seguir en la brecha.

A esas mujeres, en las que yo identifico a la mía, no puedo menos, desde aquí, que lanzarles el mejor grito de reconocimiento.

¡Cuánto sabes tú de olvidos!
¡Cuánto conoces tú de mis padeceres!
¡Cuánto aliento de ti he tenido
Y canto, por mi has sufrido!


Y, como yo sé que lo que más puede gustarte es que me dirija a Nuestra Virgen, escucha lo que le digo:

Penitente nazareno,
De túnica y de faja,
cofrade de Las Angustias,
que la Corredera pasas,

¿Qué tiene tu Virgen bella
que nos ilumina el alma
con el fervor más sublime
y la más dulce esperanza?

¿Qué tiene tu bella Virgen
Que con Jesús en sus faldas
Nos habla de amor de Madre
Y el corazón nos traspasa…?

Penitente nazareno,
que en silencio te agigantas
acompañando a la Reina
de nuestra Semana Santa,

Dime porqué ese perfume
que el naranjo nos regala,
nos embelesa dichoso
y nos brinda la plegaria,

Dime por qué; por qué brotan
de nuestros ojos las lágrimas.
Es que al pasar Las Angustias:
¡El mismo Dios la acompaña!

 

SEMANA DE PASIÓN: DOLOR Y ANGUSTIAS

Estamos aquí ya entrando en la Semana de Pasión, semana de las inquietudes atmosféricas. Semana de los presagios procesionales. Semana de los últimos retoques. Semana, en fin, de la colmada intranquilidad ante la tardanza en llegarnos aquel o aquellos enseres que queremos estrenar este año.

El retraso en recibir la llamada que nos confirma que el tema de los claveles está ya solucionado. Que la banda aún no tiene resuelto el tema del autobús. Que nos faltan cruces de penitencia…

Todo debe quedar perfectamente encajado. Eso es algo innato en la forma de ser de los cofrades.

Las cosas no pueden quedarse para la improvisación, no puede salirse de cualquier forma. Todo debe estar preparado y previsto con suficiente antelación.

Pero, también es la semana de los últimos cultos de solo dos hermandades.

Es la semana del Dolor y las Angustias.

Si, hermanos, pues ¿cómo si no, un Viernes de Dolores, día de trabajo como cualquiera, nosotros los cofrades, lo hemos hecho ya un día de fiesta?

Y ¡no va a ser de fiesta si están de besamanos la Virgen de las Angustias y la del Mayor Dolor!

Bajo el fanal de los cielos
el alma está desvelada…
La Virgen del Dolor Grande,
“Del Mayor Dolor” la llaman,
está derramando consuelos,
mostrando a todos sus lágrimas.

¡Cuánta gente, cuánta gente!
Todo el mundo va a mirarlas.
Tú que estás triste,
Ven y muéstrale tu alma.

Mira, mira a su Hijo
al Hijo de sus entrañas,
muerto en sus amantes brazos
muerto al calor de su falda.

Porque así, al mirar su pena
la envidies por su desgracia
¡Que Ella si tiene a su Hijo
reposándole en su falda!

¿Has visto ya a la Virgen?
¿Has visto ya la espada?
Anda, ven que hasta los ojos
te asomes para mirarla…
Pues la Virgen del Dolor Grande
¡”Del Mayor Dolor” se llama!

 

Del Pregón de la Semana Santa de Jerez.
Domingo de Pasión, 1 de abril de 1990.
Iglesia Parroquial San Miguel.

 

En los próximos días

Solemne Besamanos Extraordinario

Entre los días 18 y 22 de Octubre de 2017


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