Pregón del 75º aniversario de la Reorganización de la Hermandad (2000) E-mail
Jueves, 20 de Agosto de 2009
Indice del artículo
Pregón del 75º aniversario de la Reorganización de la Hermandad (2000)
Los comienzos de nuestra historia
Siglos de historia y devoción
Carácter de Hermandad
Nombres para una historia
“Prima Inter Omnias”
Un mensaje de esperanza
Y todo por Ella
Todas las páginas

Este es el pregón que el hermano Andrés Cañadas Salguero pronunció el 13 de febrero de 2000 con motivo de los actos conmemorativos del 75º aniversario de la Reorganización de la Hermandad de las Angustias.

También están disponibles las fotos de pregón del 75º aniversario.

 

 

 

 

 

A mis padres.
A Eva.
A la memoria de mi abuela
Serafina.


Siete puñales negros, que son celosos centinelas del corazón de la Virgen, habían velado, en el escudo blanco con forma de óvalo, el sueño de aquel niño de cinco años, que iba a vestir por vez primera la túnica nazarena.
Una túnica pequeña, sencillamente negra que marcaría para siempre, los acordes de un alma andaluza y cofrade.

Hacía un buen rato que mi padre, nazareno de cruz al hombro y pies descalzos, se había marchado para la capilla.
Esta misma que hoy nos congrega, tan castigada y tan hermosa, a la que me traían de la mano cada Viernes de Dolores, para traerle flores a Ella.

Lentamente, como se hacen estas cosas, mi madre fue descolgando de la puerta del mi cuarto aquel lienzo negro que siempre vuelve al mismo lugar cuando "marcea" el calendario, y me fue enseñando, como enseñan todas las madres, el misterio acrisolado de una tierra que hizo de la Estación de Penitencia, la mejor ofrenda a Cristo Redentor.
La túnica ajustada pero con libertad para poder moverse, y el esparto ceñido a la cintura, pero sin apretar, y los pantalones arremangados, para que no se vieran, y el antifaz, levemente recogido sobre el cartón, como hacían los niños nazarenos de su sevillana cofradía de San Benito.

Y la tarde, desde mi ventana, iba haciéndose dueña de las veletas del Jerez antiguo, y las palmeras de la plaza Aladro doraban sus reflejos "verdigualdas", para ser como aquellas otras que llevaban junto al Señor los niños del colegio de la Porvera.
Y un run-run de tambores que atardecían en la distancia servían de heraldos anunciadores de la hora señalada, y voces antiguas con sabor a historia moderna y popular, proclamaban en la radio, siempre compañera de mi casa, que había llegado la Semana Santa.

Lejanos recuerdos de la primera vez.
Dulce travesía en un taxi de color negro, que fue testigo de los primeros capirotes, como aquellos azules, que daban la vuelta a la alameda de Cristina, y aquellos otros de color negro que por la calle Arcos anunciaban la salida de un "pasocristo" con aromas de bario.

Y el encuentro con Ella.
Faro y Guía de todas las penitencias, y de todas las oraciones.
Única meta del cofrade.
De aquellos cofrades vestidos de negro, que me enseñaron a ser nazareno de mi Cofradía.

Y pasaron los años, y los míos emigraron junto a la Giralda, donde las golondrinas del atardecer, tanto saben de la Pasión de Cristo.
Y ahora me visto sólo.
Sigue mi túnica siendo la que vela mi amanecida a la nostalgia, y sigue la brisa de la tarde, trayendo los ecos amargos de tambores que buscan a Cristo Rey.
Y sigue la radio repitiendo voces nuevas y marchas de siempre, y sigo enamorado de aquel escudo blanco y ovalado, que guarda siete celosos centinelas del corazón de la Virgen.

Porque siempre fue las Angustias mi Hermandad, y porque siempre fue la Virgen, refugio en el dolor de las noches oscuras y eternas.

Por eso, hoy, que soy primer nazareno para muchos niños de cinco años, vengo ante vosotros, para ser contador de cosas que pasaron junto a Ella, y por eso es para Ella la primera voz, la primera mirada, la primera oración, como fue para Ella el primer recuerdo de una mañana de Villamarta, ante la Cruz de Guía de plata de nuestra Hermandad, cuando rezó a la Virgen, uno de aquellos nazarenos de la primera vez:

 

Dios te Salve, María de las Angustias,
Reina y Señora.
Y Madre.
Amor de los amores, de un cofrade.
Angelical consuelo de mis penas más hondas.
Guía de mi vida. Luz en la sombra.
Dios te Salve, María de las Angustias,
roto corazón de soledades.
Pequeña flor.
Dolor de madre,
que se te clava por los Siete Puñales.
Dios te Salve, te cantó un pregonero.
Te lo dice Jerez, en esa tarde,
cuando la pena se te asoma a la cara,
calle Honda adelante.
Te lo cantan, corazones costaleros,
el pueblo que te reza,
la flor en las ventanas.
Te lo cantan, el cielo transparente,
el humo del incienso,
el aroma de naranjos.
Lo musitan, cofrades penitentes.
Y de fijo, esa pena rotunda que te abate,
es también compartida por tus hijos.
Dios te Salve, María de las Angustias.
Dolor de Jerez.
Reina, y Señora y Madre...
Mi alma, hecha flor de la palabra,
"también yo",
deposito hoy, en Tus manos celestiales.

 

Querido Don Rafael, nuestro Obispo.
Señor Director del Secretariado Diocesano.
Señor Director Espiritual.
Señor Presidente de la Unión de Hermandades.
Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Antigua y Venerable Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias.
Señores Hermanos Mayores, aquí presentes.
Señoras y señores, con mi agradecimiento profundo y sincero a mi presentador muy buenas tardes.



 

En los próximos días

Solemne Besamanos Extraordinario

Entre los días 18 y 22 de Octubre de 2017


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