| Las angustias del periodista cristiano - Segunda angustia |
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| Martes, 10 de Marzo de 2009 |
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Si ejerciendo este tipo de información nos declaráramos cristianos, para primer paso de compromiso con nuestra fe enmedio de la sociedad, quedándonos, sin embargo, en los meros elementos secundarios, o sea priorizando las formas estéticas con que de modo tan sublime sabemos los cofrades envolver a las imágenes que nos evocan a Cristo y María... si así lo hiciéramos, repito, olvidando el fondo cristiano en el que se asienta la realidad de nuestras hermandades, terminaremos evitando aquello que molesta al marco laicista. Y santas pascuas. El mundo es capaz de pervertir ese supuesto ánimo apartador de lo religioso, confiador en las posibilidades del hombre o sencillamente anticristiano, cartesianamente secularista, en el que se quiere justificar la laicidad que tantos mal entienden. Y lo hace, pervertir esos hipotéticos objetivos, para adoptar sin rubor nuestros signos. Gustamos y punto. Qué gran aportación la que sigue haciendo una cofradía en la calle, qué bonito el mantenimiento de esos viejos oficios y qué belleza del dorado, el bordado, la orfebrería, la cera, las flores, la música... Degustemos estas ancestrales manifestaciones tradicionales y folclóricas. Y el periodista cofrade puede brotar como profesional al servicio de esa servidumbre de las cofradías con la cultura de un lugar. Y también puede no tener nada que ver con el sentido en el que se asienta la celebración. Podría incluso reconocerse no cristiano. Desde esa perspectiva... ¿para qué hace falta su condición confesional? Peor son, a mi parecer, aquellos compañeros que sí se reconocen cristianos pero que a la hora de hacer información, y de hacerla por ejemplo de cofradías, eluden el fondo de la fe que mueve nuestra actividad, quizá por temor a verse rechazados por los lectores, por los compañeros... por la sociedad en general. Al filo de este segundo puñal clavado en el pecho del periodista cristiano quiero evocar nuestro suplemento. El 'Cofrade' apostó por un compromiso con el credo cristiano, con la más grande verdad que sostiene a nuestras cofradías. No me arrogo otro mérito para ello que el de haber encontrado a la gente adecuada a mi alrededor, comenzando por mi presentador aquí esta noche, mi querido Marco, que me acompañó en aquellas noches de esfuerzo y verdad, de ilusiones y de dificultades, muchas dificultades planteadas a veces por los compañeros que no entendían este compromiso. Una vez me dijo un compañero cercano a mis comienzos de prensa escrita que lo único que debe interesar de la Iglesia a la generalidad de los consumidores de nuestros medios es la piedad popular. Es cofrade, o lo fue... es cristiano, o lo fue... y también es un buen profesional... ¡o lo fue! Cuando ahora escuchamos a la vicepresidenta del Gobierno decir qué es y qué no la competencia de la Iglesia, cuando parecía escandalizarse tras el acto por la familia cristiana en la madrileña plaza de Colón, uno no puede evitar pensar cuántos de los que se dicen cristianos están dando pie a ello. La familia, la educación y la vida, el concepto de la persona que en general el Evangelio promueve y hace presente por medio de la labor de la Iglesia, es, aunque nos lleve a la confrontación de las ideas, aunque pensemos que hace mal a nuestra imagen ante aquellos que se apuntan a las facilidades morales que da el mundo actual, horizonte al que el periodista cristiano debe mirar permanentemente. Situarnos en la frontera del debate de aquellos temas en los que nos jugamos nuestro crédito es obligación del periodista cristiano. También lo es de los cristianos en general y de los cofrades especialmente ya que tan en el mundo nos consideran con respecto a otros movimientos o instancias eclesiales. Vuelvo a las plantas de Nuestra Señora de las Angustias al final de ésta que se clava en el corazón de quien quisiera estar siempre a la altura de las circunstancias. Un día discutí vivamente, con más de media redacción, en defensa de la educación cristiana, que estaba siendo vilipendiada injustamente. Otras veces, lo reconozco Señora, no me atreví a abrir la boca. Pero ya me sabes dispuesto a elevar mi voz en honor de ese Hijo muerto en tus brazos y vivo, muy vivo, en este mundo que lo niega. ¡Ayúdame, Madre mía... ayúdanos a los periodistas que quisiéramos estar a la altura del compromiso que la fe en Cristo impulsa para cambiar el mundo... para ser agentes suyos también en nuestro entorno profesional! |
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