Las angustias del periodista cristiano - Séptima angustia E-mail
Martes, 10 de Marzo de 2009
Indice del artículo
Las angustias del periodista cristiano
Introducción
Primera angustia
Segunda angustia
Tercera angustia
Cuarta angustia
Quinta angustia
Sexta angustia
Séptima angustia
Todas las páginas


7.- Voy acabando mi intervención. Y siete puñales, modestos desde luego frente a los de tu pecho, Señora de las Angustias, prometí evocar en el corazón de quienes bregamos a diario en los medios de comunicación. 'Las Angustias del periodista cristiano' quisó señalar inquietudes que ya retraté (1) en los complejos que evidenciamos ante la necesidad de reconocernos como tales, (2) de hacerlo sin evitar aquellos temas de la actualidad que nos sitúen en la frontera del debate y por tanto exponiéndonos a presentar el latido de nuestro ser cristiano, (3) de protagonizarlo sin tentaciones defensivas de una condición que no necesita que nos andemos justificando, (4) de encontrar a nuestros iguales porque al fin y al cabo la unión nos da fuerzas, (5) de naturalizar en nuestros medios la presencia del humanismo cristiano, (6) de creernos de verdad que la realidad que contamos es esencialmente católica...

Seis preocupaciones traigo. Una parece que falta. También falta la formulación de esa esperanza que en tus brazos reposa, María Santísima, muestra inefable de que junto a las Angustias que sufrimos está la realidad salvadora de tu Hijo, Jesucristo. Ambas, inquietud séptima y signo de esperanza, llegan de la mano al final de la conferencia para elevar, entre los compañeros de profesión, entre aquellos especialmente dotados de fe, y para cuantos a través de nuestras imágenes o de nuestras palabras escuchadas o leídas se convierten en destinatario de nuestro trabajo, o sea toda la sociedad que consume nuestra información y también nuestro pensamiento... sendos elementos convergen en la necesidad de sabernos motores de transformación real del mundo, palancas esenciales de la acción de la Iglesia misionera.

Esta convicción me ha alentado desde que hace veinte años comencé mi ejercicio profesional periodístico y nunca me ha dado vergüenza de cuanto, entre algunos de mis propios compañeros incluso, se ha podido pensar de mí. Esta convicción es la que hace diez años intenté igualmente, de forma creo que valiente pero también incomprendida desde algunas mentalidades cofrades, trasladar a nuestro suplemento. ¡Y qué suerte tuve, entonces, de toparme con Marco Antonio Velo en su nacimiento, con Joaquín Perea desde su comienzo, con Marco Antonio Gómez con el que bautizamos los logros de este nuestro estilo como "diesel", de lento y poco espectacular pero de seguro calado entre nuestros lectores, Eduardo Velo, Paco Holgado, José Jácome, Antonio de la Rosa, Esteban Pérez, Francisco Carlos Aleu, Enrique Barberá, Ángel Revaliente, Manolo Sotelino, Ernesto Romero, Antonio Iborra, Mamen Villalba, José Carlos Morales...

Todos ellos han creído, de verdad, en las posibilidades de cambiar un mundo que es manifiestamente mejorable. Y desde las cofradías, ejercer un periodismo cristiano que se ha gustado en los elementos secundarios en los que reconocemos nuestra idiosincracia pero que nunca ha perdido de vista, colocándola las más de las veces en primer plano, la condición de una fe que nos obliga porque, al fin y al cabo, tenemos una posibilidad incomparable de hacer ver en los valores del Evangelio las posibilidades de esa transformación. Hacemos más falta que nunca: nosotros como comunicadores comprometidos y vosotros que, como cofrades, actuaríais con mezquindad si no os creyérais el papel que la Iglesia os reconoce enmedio de la sociedad, nos reconoce enmedio del mundo.

Ha sido tradición en nuestra ciudad que las garantías de presencia en los medios de comunicación de la información cofrade fuera llave de otras presencias eclesiales, si me lo permitís, muchas veces más trascendentes que la pelea de un cabildo o la elección de una banda. Por sus empeños de utilizar esa llave ensanchando espacios en favor de otros tantos asuntos de la Iglesia Diocesana hay que agradecer, y aprovecho incluso mi condición de Delegado Diocesano de Medios para ello, cuanto han hecho, junto a todos los mencionados, otros comprometidos con su fe en otros medios como Manolo Liaño, Emilio Rivelott, Andrés Cañadas padre e hijo, Antonio Rodríguez Liaño, Manolo y Antonio Moure, Rafael Navas, Quico Abuín, Pepe Antonio González de la Peña, Enrique Víctor de Mora, Javier Benítez, Pepe Vegazo, José Manuel Medina Lechuga, José Blas Moreno...

Para todos, profesionales mencionados o no, cristianos confesos o excesivamente cautos, agnósticos, ateos o indiferentes, Nuestra Señora de las Angustias, extiende tu manto protector...

Serena, al pie de la Cruz,
testigo desde esta esquina,
en tu estampa predomina
confianza en esa luz
que brota ya de Jesús.
Que escribamos con esmero
las glorias de ese Cordero
que nos hace ser cristianos.
¡Sea Domingo de Ramos,
Virgen del Humilladero!

Pero siempre procesione
esa serena apostura
que es ejemplo de estatura
que seguir; y que cuestione
en el mundo los tesones
que señalan que es flor mustia
aquello que les asusta:
¡La Verdad del Evangelio
y la Iglesia que es su medio,
Señora de las Angustias!

He dicho!



 

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