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Viernes, 03 de Julio de 2009 |
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Está como la rosa cuando siente, al soplo de un invierno huracanado, el caer de sus pétalos al lado del lirio que la llora frente a frente.
Está como el naranjo que presiente gemidos de azahar cuando es ajado por una mano cruel que ha soterrado su leve aroma azul tan fieramente.
El dolor de las rosas y azahares rezuma, indemne, ileso y aprensivo, en una confusión de flores mustias
que llenan de quebrantos en pleamares el Domingo de la palma y el olivo. Y yo... ¡quiero llorar contigo, Angustias!
Sí.
Quiero llorar contigo y, si no entrares, toda la noche en lágrima perdida, que llorar contigo es tornar la vida trabajadera de sol y de alamares.
Sí. Quiero llorar contigo a mares, al son de una pena inmensa y suicida, y llorando contigo y con tu herida, con tu gracia infinita nos ampares.
Y es que al ver la pena que así le hiere, cuando ya su pálpito no se agita, cuando ya el insulto no zahiere
ni existe clavo ya que le taladre, mi alma contigo llora y, llorando, grita: Angustias... ¡que Dios te bendiga, Madre!
Juan Pedro Cosano Alarcón. Publicado en el diario La Voz del Sur el 10/04/1981
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