Biografía de don Juan Torres Silva - Página 2 E-mail
Domingo, 02 de Agosto de 2009
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Biografía de don Juan Torres Silva
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PRIMERA PIEDRA DEL ORATORIO FESTIVO

Durante los siguientes años, en Jerez, se estuvo construyendo la obra del Oratorio Festivo “Santo Domingo Savio”, que se realizaba gracias a las aportaciones y limosnas que para este fin. Don Juan pedía a los jerezanos, destacando entre estas aportaciones las de Don Álvaro Domecq y Diez con sus actuaciones de rejoneador.

La fecha fijada para la primera piedra del Oratorio Festivo había sido para el día 31 de enero de 1939, fiesta de San Juan Bosco, pero aquel día trajo aguas abundantes, diríamos torrenciales, a juzgar por el comentario de la hojita: “Llegué a temer por la primera piedra creyendo que se la iba a llevar la corriente”.

Se anunció a las autoridades que la ceremonia se aplazaba y el día 5 de febrero amaneció radiante. “El barrio Mundo Nuevo estaba como para chillarle. Gran alboroto de los chicos de la Banda de Cornetas y Tambores del Hospicio Provincial y la Banda Municipal. Dianas, pasodobles... Muchas autoridades y personalidades...” Un gran cuadro de San Juan Bosco presidiendo la liturgia del día. Y miren ustedes con qué solemnidad, casi engolada, arranca, por excepción, la pluma del Padre Torres Silva:

“En la ciudad de Jerez de la Frontera, el 5 de febrero del año del Señor 1939, III Año Triunfal, siendo Pontífice de la Santa Romana Iglesia S.S. Pío XI, Generalísimo de España, Su Excelencia Don Francisco Franco Bahamonde, Arzobispo de Sevilla el Excmo. Señor Cardenal Dr. Don Pedro Segura y Sáenz, Comandante Militar de la Plaza Don Salvador Arizón, Alcalde de la Ciudad Don Juan J. del Junco, Rector Mayor de la Pía Sociedad Salesiana el Reverendísimo Don Pedro Ricaldone, hallándose presentes al acto las autoridades locales eclesiásticas, civiles, militares y del Movimiento, numerosísima concurrencia de personas de todas clases sociales y enorme multitud de niños.

Con gran solemnidad litúrgica, el Rvdo. Padre Salesiano Don Ildefonso Gómez, en representación del Reverendo Padre Inspector de los Salesianos, Bendijo esta Primera Piedra del Oratorio Festivo “Domingo Savio” que funda en esta ciudad el Beneficiado de esta Real e I. I. Colegial y Capellán de las Hermanitas de los Pobres, Don Juan Torres Silva, con la cooperación de las dignas autoridades y del caritativo pueblo de Jerez de la Frontera, para atender a la educación religiosa y patriótica de los niños, particularmente pobres y abandonados, de estos barios extremos.

Este acto será apadrinado por Doña Gertrudis Isasi Dávila y Don Pablo Díez y Pérez de Muñoz.

VIVA CRISTO REY. VIVA EL PAPA. VIVA ESPAÑA. VIVA FRANCO”.

El Padre Torres Silva, este varón de Dios, llevaba en su mirada, en su sonrisa, en todo su semblante, el sello de la apacibilidad de conciencia del quien todo  se lo ha entregado a Dios.

Tuvo la gran virtud de apostolado en su sacerdocio, el inmenso caudal de su gracia nativa, esa gracia sencilla y pueblerina que adornó a nuestros santos, porque la santidad no está reñida con la sana alegría, y de ella se valieron para escalar la gloria cuantos españoles tenemos en los altares.

Una de las ideas más notables que tubo Don Juan para poder acelerar el proceso de recaudar fondos, fue el de constituir lotes según prioridades, para que las personas o familias más pudientes de Jerez que desearan colaborar con el proyecto pudieran hacerles frente; como consecuencia de ello, a mediados de junio del año 1941, gracias a la caridad de los bienhechores del Oratorio, se pudieron tener cubiertos los gastos de los lotes siguientes: Presbítero, Cuerpo de Capilla, Cantina y una de las tres clases, asimismo se recibió el regalo de un lote, el correspondiente al Coro de la Capilla, cuyo coste fue de cinco mil pesetas, con motivo de tan grato motivo, se disparó cohetes y hubo fiesta en el Oratorio.

La primera piedra atrajo a sus hermanas, a centenares de miles, a golpes de caridades anónimas, en alguna ocasión con visos de viñeta evangélica. Lean esto: “La nota emocionante en esta ocasión la ha dado un ancianito de las Hermanitas de los Pobres que en el día de salida recogió diez pesetas y sacrificando sus gastillos y necesidades las metió en un sobre y las puso sobre la mesa de la sacristía indicando su destino. Avalora esta acción el no saber quién ha sido el donante, pues la Hermanita que sorprendió al anciano en esa heroica faena tiene orden del mismo de no decir quién es. Que lección... El Señor se lo premie y... aprendan los que tienen de sobra”.

Con motivo de dicho acontecimiento el Periódico del 31 de enero de Jerez  a gran titular ponía: “Gran incendio en el barrio del “Mundo Nuevo”.

“Desde las primeras horas de la mañana, o mejor dicho, desde ayer tarde, está ardiendo el barrio “Mundo Nuevo”.

La causa el incendio parece haberla ocasionado la “Primera Piedra” del Oratorio Domingo Savio, que hoy a las once se va a bendecir solemnemente y se va a colocar ante la presencia de nuestras dignas autoridades.

El “Mundo Nuevo” está ardiendo de entusiasmo. En el solar que hay ante las Hermanitas de los Pobres se llenará hoy de jerezanos que van a presenciar una ceremonia lo más típica y original que han conocido en su genero.

Ya desde las primeras horas los tambores y cornetas alegran la vecindad, que ha vestido de gala sus ventanas y balcones.

Realmente el Oratorio Festivo Domingo Savio, va a sacar de quicio a los jerezanos que, dándose cuanta del bien tan grande que han de recibir los niños más pobres y abandonados de aquella barriada, están ya respondiendo admirablemente, generosamente, al llamamiento que Dios hace a sus corazones.

Puede asegurar que el día de hoy será célebre en los anales de la historia jerezana.

El acto de la bendición y colocación de la primera piedra va a ser solemnísimo.

Asistirán como padrinos de la ceremonia Don Pablo Diez y su señora la caritativa dama Doña Gertrudis Isasi. Dichos esposos se han contagiado de entusiasmo por la obra de Don Juan Torres Silva capellán de las hermanitas.

 

 

Un año después de haber colocado la primera piedra del Oratorio Festivo, un lunes fue la bendición e inauguración del patio de juegos. A las once se encontraban en el Oratorio Festivo el Señor Alcalde y los señores de la gestora municipal Don Ángel Rodríguez Pascual, Don  Andrés Fereán, Don Lorenzo Marcano, Don Manuel Álvarez Estévez y el señor secretario accidental Don Modesto Marín, también estuvieron presentes el Rvdo. P. Perfecto del colegio salesiano de San Juan del Valle, el Padre guardián de San Francisco, el beneficiado de esta Colegial Don Antonio Pérez Durán, el Rvdo. Hermano Visitador de las Escuelas Cristianas, el Hermano director del colegio del Sagrado Corazón, los señores de Diez y Pérez de Muñoz, Señorita Petra de Agreda y otras personas. De niños se reunieron unos doscientos.

El señor cura de San Miguel, Don Juan Ortiz Zamudio, revestido de pluvial blanco, bendijo el patio; el acto resultó, en medio de una gran sencillez, verdaderamente solemne; los niños cantaron el Himno Nacional que todos oyen con el brazo en alto.

 

Terminado el Himno, el director del Oratorio Padre Torres  Silva, pronunció unas palabras para dar las gracias al Señor por lo bien que marcha las obras y por haber podido reunir este gran grupo de niños que en adelante tendrán un hermoso patio donde poder distraerse los días festivos y recibir alguna instrucción religiosa.


BODAS DE PLATA SACERDOTALES

El día 10 de mayo de 1943, el Padre Torres Silva celebró los 25 años de su ordenación sacerdotal,  con una solemne función religiosa en la parroquial de San Miguel, en la que fueron padrinos del celebrante el alcalde Don Andrés Fareán; un anciano de la Hermanitas de los pobres y un coadjutor salesiano, el joven Francisco Galán, primer fruto vocacional del Oratorio Festivo.

Como no podía ser de otra manera, en mayo de 1943, en su pueblo natal de Bollullos de la Mitación, el Padre Torres Silva celebró Función principal con motivo de la conmemoración del 25 aniversario de su primera misa, ofició el citado religioso asistido por el cura párroco del pueblo Don José Lora y por el Padre Manuel Calvo de la Luisiana, actuando de capa el director del colegio Salesiano de Utrera, orador sagrado fue Don Crescencio Moreno párroco de Utrera, quien pronunció una elocuente y sentidísima oración, teniendo un emocionante recuerdo para la madre del sacerdote recientemente fallecida, todos los sacerdotes que intervinieron en este acto eran paisanos del Padre Torres Silva que se sumaron a este júbilo de su pueblo natal,  al acto asistió una representación del Ayuntamiento de Jerez de la Frontera. Padrinos de esta función religiosa lo fueron el alcalde de Bollullos de la Mitación Don Manuel Domínguez Pichardo, Don Julio Morilla de Sanlucar la Mayor y Don Modesto Jaén juez de Benacazón.

La banda del Colegio salesiano de Sevilla actuó también en la función.

El pueblo estaba de fiesta completa, allí se encontraban numerosas personas y representaciones de Bollullos de la Mitación, Benacazón, Sanlúcar la Mayor, Bormujos, todos los sacerdotes de los pueblos mencionados y los más ilustres hijos del pueblo, que ordinariamente ausentes, quisieron estar acompañando al Padre Torres Silva en tan solemne acto.

El Gobernador Civil de Sevilla, a quien sus ocupaciones no le permitieron asistir prometió hacerlo en breves días en  una inauguración de un grupo de viviendas.

Terminada la función religiosa, se trasladaron todos al Ayuntamiento donde fueron atendidos por las autoridades y jerarquías locales.

Jerez que tanto debe al Padre Torres Silva no estuvo ausente en el acto, pues concurrió una lucida representación municipal compuesta por el alcalde accidental Señor Carrasco y varios tenientes de alcalde con el secretario Don Modesto Marín y el director del Oratorio Festivo “Domingo Savio” Don Miguel de la Gándara.

A continuación se trasladaron todos a la casa solariega de los marqueses de Polavieja, donde fueron atendidos solícitamente, haciendo los honores de la casa Doña Ángeles Polavieja viuda de Valenzuela, su  señora madre política e hijas; Allí se pronunciaron discursos ensalzando la figura del Padre Torres Silva, interviniendo el Rvdo. Padre Manuel Calero, el Padre de la Gándara, Don Julio Morilla y la representación del Ayuntamiento de Jerez, y por último el alcalde de Bollullos de la Mitación que tuvo frases especiales de agradecimiento a la representación jerezana y a la hermandad de ambos pueblos, que con este acto quedaba consagrada, teniendo igualmente un recuerdo para la ciudad de Orihuela. El Señor Morilla aludió especialmente a Jerez, cuna del general Primo de Rivera, del cual fue un entusiasta colaborador.

Finalmente el Padre Torres Silva, con palabras llenas de humildad, agradeció vivamente este acto, prometiendo trabajar más y más por el bien de las almas y la educación de los pequeños.

Nota destacada del acto fue la intervención de dos pequeños, uno natural de Bollullos y otro de los acogidos al Oratorio Festivo de Jerez, que en unos trabajos de prosa hicieron apología del Padre Torres Silva. La representación jerezana agradeció vivamente las atenciones  recibidas por las autoridades y jerarquías locales.

El citado presbítero permaneció unos días en Bollullos y después se trasladó a Benacazón para asistir a unos sufragios por su difunta madre.

MUERTE DE DOÑA DOLORES

Doña Dolores Silva Vargas, murió en Jerez de la Frontera el 15 de mayo de 1943, a los 76 años de edad, rodeada de su hijo, del director del Oratorio Festivo, Don Antonio Gándara, de las Hermanitas de los Pobres, de las Hijas de la Caridad y de las Hijas de María Auxiliadora...

En el recuerdo, Don Manuel Reina Nuñez, antiguo oratoriano y amigo íntimo de Don Juan, recuerda con especial cariño a un personaje: la madre, una mujer que ya anciana y con achaques, acompañaba a su hijo al lado del púlpito, recriminándole y censurándole cuando algún sermón no era de su especial agrado.

En la portada de la hojita, mayo de 1943, aparecía el recordatorio y la foto de esta cariñosa madre, en cuya memoria Don Juan Torres Silva escribiría con esta ternura y extraordinario cariño:

“Murió mi madre: la madre en la que me miraba extasiado todos los días de mi vida y todas las horas del día; la madre buenísima, piadosa, sacrificada, la mujer fuerte que jamás supo de dificultades cuando se trataba de hacer el bien a su hijo, la madre cristiana llena de fe y de confianza en la Providencia del Señor, de tal manera que le pareció siempre un atentado contra la Providencia guardar o ahorrar cantidad alguna: siempre vivió al día y sabía que Dios no le había de faltar. Madre caritativa y generosa, desprendida hasta el sacrificio, no pensaba en sí misma, contentándose con todo. Alegre y graciosa como buena andaluza y castiza sevillana: a su lado nadie estuvo nunca triste. Amantísima de la Santísima Virgen, supo honrarla y sembrar su devoción en mi alma desde los primeros años, no faltando en cuanto le fue posible a sus principales fiestas en los pueblos en donde tenemos repartida la familia. La bellísima imagen de Cuatrovitas, en Bollullos de la Mitación, la Virgen de las Nieves en Benacazón, la de Loreto en el convento de su nombre, la de la Merced, Carmen y Angustias de Jerez y sobre todo María Auxiliadora Patrona de los Salesianos, fueron los títulos y advocaciones más predilectas de su alma devota...

A sus trabajos sin número y a su continua vigilancia debo, después de a Dios, el haber llegado al sacerdocio.

Amantísima de su Juanito, me acompañó a todas partes, siempre valiente y decidida, pues si algo tenía que sufrir en cansancio y molestias, lo daba por bien empleado por el gozo de estar al lado de su hijo. Conmigo recorrió  gran parte de España, visitó Londres, fue a Roma con motivo de la canonización de San Juan Bosco, asistió en dicha Ciudad Eterna a aquella Salve popular en el Sábado Santo se cantó por los españoles en la Basílica de Santa María Trastévere, en cuya ocasión oímos la sentidísima plática sabatina que nos dirigió el que hoy es nuestro amantísimo Prelado, el Excmo. Sr. Cardenal Segura. Visitó Turín, Padua, Venecia y los lugares de I Becchi tan venerados por todos los que nos hemos educado en los Salesianos. En todas partes, a pesar de su ya  avanzada edad, dio la sensación de fortaleza y ánimo verdaderamente juvenil.

Mamaíta de mi alma, sólo Dios y tú sabéis lo mucho que te he querido. Decir que no te olvidaré nunca es decir muy poco. Quiero merecer del Señor tenerte a mi lado, como otro ángel custodio. Quiero seguir hablándote. Quiero estar siempre contigo. Así parece que es, pues no de otra suerte puedo explicarme mi relativa tranquilidad ante su separación...

Recibe este sencillo homenaje a tu memoria, este pequeño desahogo de tu hijo. Mucho podría contar de ti para ejemplo de muchos y para solaz de otros.

Estoy cierto de que tú, que tanto sufrías en ver los apuritos que me cuesta levantar este Oratorio Festivo, serás mi gran protectora en el cielo y desde allí tocarás los corazones de los caritativos jerezanos para que esta obra termine pronto.

Para mí, para el hijo de tus “sentrañas”... ya sabe lo que quiero.

Adiós, mamaíta de mi alma. Hasta... pronto.”


Viene a la memoria la presencia reconfortante, acogedora, de Margarita –margarita es perla- junto a su hijo Juan Bosco, también soñador de más altos vuelos, pero de idénticas mañas, defensor y tutor de los chicos abandonados de Turín y sus alrededores... Don Juan no hizo sino beber de aquellas aguas, tan cristalinas, de tal transparencia, que cualquier lerdo advertiría en ellas la riqueza y la fuerza de los hijos de Dios.

Titubeaba Don Juan en seguir desvelando secretos de su madre, tan arrebujada en su mantonzuelo, en sus humildades, en sus generosidades, para quien la vaharada de algunos granos de incienso quemados en su honor provocaría inmediatos mareos y tremendos malestares...

Al fin, el Padre Torres cede y el amor filial se desata como antes.

“He dudado si debo o no publicar lo que sigue  pero me he decidido a hacerlo para honra de mi difunta madre y para lección de aquellos que sólo quieren atesorar.


Un año antes de comenzar las obras de este Oratorio Festivo, murió un hermano de mi madre. En la distribución de sus bienes entre la familia, le tocó a mi madre unas doce mil y pico de pesetas que me apresuré a ponerlas en el Banco.

Era la primera vez que en nuestra vida nos veíamos con una cantidad semejante y nuestra. Yo nunca he podido ahorrar una peseta.

Empiezan las obras –sin una gorda, como todos saben y sólo confiados en la Providencia de Dios-. Empiezan también los apuros de cada sábado. Me defendía las primeras semanas con las primeras limosnas recibidas.

A la cuarta o quinta semana comenzaron las agonías. Ay, qué sábados... Mi mamaíta que, como es natural, seguía todos los pasos de su hijo, al notar que cada sábado era el morir a chorros, me dice un día:

-Mira, niño, ¿Por qué no sacas el dinero del Banco para pagar tus cuentas?

-De ninguna manera, mamá –le repliqué yo-, a ese dinero no se le toca. Es enteramente tuyo y ya que Dios nos lo ha enviado, si yo muriera antes que usted ya tendría para irse defendiendo.

Dos lagrimillas se le escaparon en el silencio de su contestación. Al cabo de un rato me dice:

-Mira Juanito, Dios no nos ha faltado nunca. Saca ese dinero, paga lo que debes, que la Providencia de Dios seguirá protegiéndonos.

Me negué, dudé, lloré... Al fin lo hice ante su insistencia y pagué unas semanas.

La libreta de ahorros aquí la tengo, en cuyas páginas “de oro” se hallan consignadas aquellas cantidades... y después sus hojas se convirtieron en “campos de soledad, mustio callado”...

Que cielo más elevado tendrás, mamaíta de mi alma, por tu caridad y desprendimiento”...


DON ÁLVARO, FAMOSO CABALLERO

El  29 de agosto de 1943, Don Álvaro Domecq comunica al Padre Torres Silva la decisión tomada de ceder al Oratorio Festivo el fruto de su trabajo como rejoneador en las distintas plazas en que actuase.

Y como lo pensó lo hizo, prometiendo anticipadamente al venerable sacerdote la cifra tope, máxima, que el Padre fijaba para su cristiana obra, o sea, la de medio millón de pesetas.

Empezaron los grandes triunfos del aristócrata rejoneador y empezaron a lloverle los contratos. No había fiesta mayor de toros cuyo cartel no lo encabezara el caballero jerezano, que  jinete en sus  maravillosos alazanes, burlaba día  a día a la muerte, enloqueciendo a las multitudes y haciendo llegar a manos del Padre Torres Silva miles de pesetas.

El día 17 de octubre de 1943, Don Juan consigue inaugurar en el Oratorio Festivo solemnemente la Escuela Nocturna para obreros, que tantas ganas tenía,  costeada por la familia Palomino y Vergara.

Cuenta Don Juan, que, durante los días del 15 al 20 de noviembre, notaba que no pocos jerezanos le paraban por la calle o se le entraban por las puertas del Oratorio, todos con la misma petición:

-Vengo para que me dé cinco barreras.

-Tenga la bondad de enviarme a casa diez sombras.

-De parte de mi señorito que si le queda a usted algún palco.

Otro con una tarjeta en la que se me piden veintitantas entradas de sol.

Pero, oigan, ¿se puede saber por quien me han tomado ustedes?... ¿Se han creído que el Oratorio es una plaza de toros?... Déjenme en paz y no me vengan con cuentos de soles, sombras, ni barreras.

-Pero si dicen que la corrida es a beneficio del Oratorio –me decían unos.

-Si afirman que Don Álvaro Domecq ha organizado el festival para darle el empujón a la obra –afirmaban otros.

Yo no entendía nada, yo no sabía nada. Llegué a leer algún programa de dicho festival y vi que era cierto que rejoneaba Don Álvaro y que toreaban el célebre Calvo, Rafael el Gallo, Manolete, Juanito Belmonte, Pepe Luis Vázquez... Que pediría las llaves de la plaza el niño Agustinito García Mier... Todo eso leí, pero en ninguna parte se mencionaba si se hacía alusión siquiera el Oratorio Festivo. Llegué, pues, a creer que la gente se habría hecho un lío y yo otro.

Cuando el domingo 21, me tropiezo por casualidad con Don Álvaro me dice:

-Qué, estará usted satisfecho. ¿no es verdad? Mire usted que día más hermoso nos ha mandado el Señor. Y las entradas se han agotado casi todas. Vamos a tener un gran éxito.

-Pero Don Álvaro de mi alma –le interrumpí-, ¿por qué me dice usted eso? ¿También usted?... Pero, hombre, y yo ignorante de todo esto... Qué compromiso... Por Dios, no toreen ustedes... Decidle a la gente que no vayan a los toros... Que me traigan el dinero aquí directamente... Que no abran la plaza... Que se salgan los que hayan entrado.

Bueno, yo ya no sabía lo que me decía. Pero Don Álvaro, sonriente, me dijo: -Bueno, ya está todo hecho. Y mañana prepárese que  visitaremos el Oratorio los reporteros madrileños que han venido con el fin de asistir al festival de hoy y los toreros que  actúan en la plaza. Adiós, Padre Torres.

Me quedé helado. Me parecía un sueño. En efecto:

El día 21 de noviembre de 1943 en el circo de la calle Zaragoza con el festival de los “cinco ases” quedó cerrada la temporada.

La plaza estuvo rebosante de público lleno de alegría, pletórica de mujeres bonitas, que el frío solo les dejaba ver sus rostros encuadrados en solapas de pieles.

Todos fueron predispuestos a un mismo fin, al fin de ayudar con sus  modestos óbolos a una gran obra grande y hermosa, social y cristiana comandada por el Padre Juan Torres Silva y de paso a ver si ofrecían algo de su exquisito arte los valiosísimos que se habían prestado a poner de relieve sus distintas manifestaciones en que están especializados.

Un monumental cartel colocado sobre una de las banderillas del palco de ganaderos  dio la primera sensación de la jornada “El Oratorio Festivo” agradece a su protector Don Álvaro Domecq”.

Ya empieza la fiesta, en el soberbio “pilter” del depósito de caballos sementales, desfilan por el albero las encantadoras presidentas, son: Enriqueta Diez Serra, Luisa Fajardo Cantillo, Milagros López de Carrizosa, María Dacia González Diez, Amparo Segovia y de Mora Figueroa, María del Carmen Jimena y Teresa Pemán y de Domecq, a cuál más bonita, con su alta peineta y su clásica mantilla española, con sus trajes elegantísimos y sus mantones filipinos. Las siguieron ocupando majestuoso “mi lord”, las distinguidas damas de honor, señores de González Gordón (Don Manuel María y de Diez Hidalgo (Don Manuel)).

Ya han ocupado el sitial más preferente del circo,  aparece para pedir la llave Agustito García Mier, que después de cumplir su cometido, por incidencia fortuita, tuvo la ocasión de demostrar que a pesar de sus pocos años, es un consumado caballista.

No queremos pensar que hubiese ocurrido de estar las riendas del corcel en manos inexpertas. Pasean las cuadrillas, va al frente de ellas el alma de la fiesta, el gran rejoneador Don Álvaro Domecq, le siguen vistiendo el traje corto los demás toreros, Juanito Belmonte, “Manolete” y Pepe Luis Vázquez, con una legión de subalternos, Rafael “el Gallo” va de americana.

Álvaro juguetea con su favorito “Presumido”. Sale el primer bicho, de la ganadería de Don Francisco de la Chica, antes del duque de Braganza.

El veterano Bernardo Muñoz “Carnicerito”, le para con varios lances estirándose como en sus mejores tiempos de espada de fama, Domecq vuelve a hacer filigranas en el centro del albero y decidido y valientemente se encamina derecho al astado, cuadra en la misma cara y clava el rejoncillo en el mismo hoyo de las agujas, se presentía que no le quedaba que hacer más, el novillo estaba herido de muerte.

Un rejón de los de hoja de peral y otro sencillo, con el animal agotado. Un par enorme de banderillas; el de braganza se acuesta y se levanta en dos ocasiones. Don Álvaro se apea de su cabalgadura y se provee de muleta y del estoque de descabellar. El bicho se echa de nuevo entregándose en manos del cachetero.

El público que había seguido con creciente interés la actuación del estupendo quite, le hizo objeto de una clamorosa y unánime ovación, obligándole a saludar desde los medios.

El segundo de la tarde estuvo a cargo de Rafael “El Gallo”, recuerdos del pasado, de aquellas jornadas en que alternaba en esta misma plaza con Ricardo “El Bomba”, con Juan Belmonte, con su inolvidable hermano Joselito.

Y sale el cuarto de Coquilla como también lo es el último de la tarde. “Manolete” entra en funciones ante la expectación de la parroquia, el animalito es pequeñín, enviste por derecho y con fuerza, el cordobés administra varios lances, dos de ellos especialmente suministrados por el lado derecho son portentosos, hay quietud y temple en grado sumo, pero el gas se le acaba al astado en el simulacro de la suerte de varas, en el que le meten el palo en los bajos, los rehileteros, no están acertados.

Manolete se encuentra sin enemigo, sin embargo, ejecuta varios pases con su sobriedad característica, intercalando una manoletina, el cordobés está solo, viéndole contrariado por no poder hacer faena.

Un pinchazo bueno; dos más a toro arreando, otros dos hondos y un descabello a pulso a la primera intentona, se aplaude la buena voluntad del muchacho.

Sale en último lugar el novillo de más peso, al que Pepe Luis Vázquez saluda con tres verónicas que remata con media unas y otras de gran estilo.

Volvemos a las andadas, la suerte o simulacro de varas, con la que el espada no se muestra conforme, cambiándose el tercio, como también el de banderillas, que se llena con un solo par.

Pepe Luis pone cátedra con la pañosa, sacando a relucir su arte exquisito; de molinetes, rodillazos, tocamiento de pilones, pases instrumentados en varias series, ya que el animalito insiste en resentirse de los cuartos traseros. Media estocada bien colocada da fin a su brillantísima actuación, premiada con aplausos incesantes que terminan en ovación con petición de oreja concedida justamente.

Al día siguiente veo que me entran por las puertas del Oratorio nuestro Álvaro Domecq acompañado de Juanito Belmonte, Manolete, los señores Don Emilio García Rojo, redactor de “Ya”; Don Antonio Vellón redactor de “Dígame”; Don Martín Santos Yubero redactor gráfico de los más importantes diarios y revistas madrileños; Don  Agustín Pavón, el señor Subdelegado de Hacienda Don Manuel Domecq, Don Agustín García Mier, Don José González de la Peña, Don Manuel Gómez y ... qué sé yo la de señores que se nos metieron en la obra. ¡Y cualquiera los echaba!...



Don Juan recibe a las Puertas del Oratorio Festivo “Domingo Savio” a Don Álvaro Domecq y a su grupo de acompañantes, entre ellos las gloriosas figuras del toreo Manuel Rodríguez Manolete y Juan Belmonte, que contribuyeron  generosamente a la gran obra de dicho Oratorio


Nuestro director Padre Gándara, y este pobre servidor de ustedes acompañamos a tan ilustres visitantes por todos los departamentos, haciendo especial estación en la Cantina. Se habló, se comentó, funcionaron varios aparatos fotográficos, los niños les sorprendieron con diálogos y discursitos, se tomaron unas copitas, se marcharon contentísimos y yo me quedé preocupadísimo por las consecuencias que todo aquello pudiera traerme, aunque en realidad, lo importante en aquellos momentos vividos, fue, que los ilustres visitantes, contribuyeron con creces a hacer felices durante un buen rato a todos aquellos niños oratorianos.


Don Álvaro Domecq y Díez con Don Juan Torres Silva

En efecto, días después, Don Álvaro, ponía en mis manos el  paquetito con importe íntegro de su actuación, consistente en treinta y tantas mil pesetas que gozoso entregaba para el Oratorio Festivo, así como el de todas las actuaciones posteriores, descontados los naturales gastos de desplazamiento; Los destina para esa espléndida edificación que lenta, pero segura y maciza, se levanta en los arrabales de Jerez, allí le recibe impaciente con sus manos santas, su corazón gigante  y su celebro privilegiado el Padre Torres Silva, y en pocas horas el caudal generoso que proporciona el arte de Domecq siempre en el riesgo de su vida, se convierte en viguetas de hierro y sacos de cemento para que sobre lo construido ya permitan terminar otra dependencia  de ese edificio que ha de dar cobijo y enseñanza a la desvalida y necesitada infancia jerezana.

 



 

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