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El Belen más grande jamás montado. Por el hermano Teo Segura.
(A José Alfonso Reimóndez, “Lete” y todos sus compañeros, que fueron, han sido y serán herederos, impulsores y transmisores de esa maravillosa tradición que es: “poner el nacimiento”).
En Octubre, en el Cielo, vibró la gente. Dios quería éste año un “Belén viviente”. Y, sin dudarlo, hizo a Lete el encargo, para instalarlo.
“Dispón todo el espacio que necesites. Montañas, rios, valles, los que precises. Y las estrellas, junto al sol y la luna, las que tu quieras.
Huertos, plantas, palmeras, muchos frutales, No vayas a olvidarte los animales. Y, en lo restante, a ver quiénes eliges de figurantes”.
Lete lo vió enseguida con claridad : “pondré a los que estuvieron, será genial ”. Y, en grandes trazos, diseñó un “nacimiento” para admirarlo.
Primero fue al Angel; allí estaría y con él a la estrella se llevaría. De querubines iría acompañado, y de serafines.
Habló con los pastores, y el posadero; buscó al buey y a la mula, con sus arreos. Y, tras pensarlo, se fue a ver a los Reyes para emplazarlos.
Visitó a San José, junto a María. Quedaron encantados, ayudarían. Solo quedaba hablarlo con Jesús y, ¡hecho estaba!
Quiso que le dijeran por donde andaba, más ni José y María le contestaban. Tan solo un gesto : dos amplísimas sonrisas con mucho afecto. Se fue Lete a buscarlo en las guarderías, tampoco allí Jesús aparecía. Los niños cantaban “Aleluya María”, mientras jugaban.
Preguntó a todo el mundo donde encontrarlo, pero nadie en el Cielo supo ayudarlo. Desconcertado, intentó localizarlo por todos lados.
Pasaba el tiempo y Jesús no aparecía. Lete no lo encontraba, ¡no cumpliría! Se vió agobiado, ¡iba a fallarle a Dios en el encargo!.
Llegó el día señalado, dia veinticuatro. Todo casi perfecto, todo instalado. Nada faltaba, solamente Jesús, no se encontraba.
Con el Belén montado, Lete sufría. Dios vendría a verlo y él no cumplía. Casi con fiebre, se quedó adormilado junto al pesebre.
Le despertó un gemido, ¿o fue una risa?, se oyó “Dios ha nacido, ¡venid, aprisa!”. Y, al levantarse, ¡vió que Jesús estaba junto a su Madre!
Lo miró fíjamente, ¡le sonreía!, y, juntos, le miraban José y María. Y comprendió : “¡es que hasta el veinticuatro El no nació !”.
Se puso de rodillas y, humildemente, adoró al Niño Dios ante la gente. Se oyó una voz, “Tambien tu eres, Lete, hijo de Dios”.
En el Cielo, este año, Dios ha gozado, porque allí un nacimiento le han instalado. Y ha bendecido al gremio belenista que en Lete ha visto.
En la Capilla de las Angustias, Jerez, Navidad 2.011
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