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Página 3 de 5 Hemos de dejar constancia de la similitud e identidad estilística, arquitectónica y decorativa, incluso en lo pictórico, existente entre la iglesia de que nos ocupamos y otras de la misma localidad. Se ha de citar las enclavadas en el mismo barrio, y perteneciente entonces a la misma Parroquia, cuales son el Monasterio de los Predicadores Franciscanos Descalzos –hoy solo subsiste la iglesia como Parroquia de San Juan Bautista de los Descalzos– y la Capilla vecina a esta de Nuestra Señora de los Desamparados –antiguo recinto asistencial, hoy sede de la Hermandad de la Coronación–. Los tres templos, si bien en distintas proporciones, mantienen una misma estructura arquitectónica, muy parecidas decoraciones en la construcción y similares soluciones artísticas. Pero dónde más cercano es el parecido es en la profusión de decoración pictórica distribuida de igual manera. Aunque lamentablemente en las dos iglesias citadas también han desaparecido o blanqueado los frescos, en estas aún permanecen algunas pinturas a la vista, pudiendo servir de fácil ejemplo de lo que sería la de las Angustias. Pero la mayor similitud, que se convierte en una práctica identificación, es la existente entre el templo que analizamos y la Iglesia, hoy semiderruida y cerrada al culto, de la Compañía de Jesús. Podríamos decir que si las obras en las Angustias hubiesen sido completas, las dos iglesias hubiesen resultado casi gemelas en su interior. Proporciones prácticamente iguales; estructura y planta de cruz latina idéntica; balconadas y decoración muy parecidos y con igual emplazamiento; sacristía situada en la misma forma; la misma sistemática en la solución de la decoración pictórica. A la vista de estas cuatro construcciones religiosas mencionadas cabe deducir la casi segura intervención de los mismos autores o su escuela en todas ellas. Incluso respecto a la ornamentación escultórica, el retablo mayor de la Compañía –enclavado en San Dionisio desde la exclaustración ordenada por Carlos III– presenta algunos elementos en su composición, especialmente los estípites, muy similares, junto con la configuración general, de gran parecido a como se sabe era el desaparecido retablo mayor de la Iglesia de las Angustias. Respecto al exterior, es de estacar su bella e interesante estructura y terminación en la parte correspondiente al tejado del crucero y la cúpula. Existen en la parte exterior de la misma unos dibujos geométricos, grabados en la misma pared, los cuales incluso fueron pintados sobre el grabado, conservándose hoy restos de coloreado. Se ha de hacer constar una importante observación: Si se hace un análisis, no necesariamente muy exhaustivo, de la iglesia, y especialmente del exterior y de las bóvedas, aparecen algunas características y contrastes entre la nave primitiva, -que no se alteró con la remodelación del crucero, y este mismo: una gran desproporción entre éste y aquel, sobre todo en altura y, muy concretamente, todo una serie de sillares inacabados o sin rematar, arranque de arcos al vacío, cornisas sin concluir, balcones detrás de los cuales no exista dependencia alguna con las que comunique la iglesia. Todo ello hace adoptar la certeza de que la obra iba encaminada a ejecutar una nueva construcción que sustituyese totalmente la anterior, con la consiguiente desaparición de la primitiva nave y la edificación de aún más dependencias nuevas. Evidentemente ello no se materializo, con lo que es presumible se realizó el proyecto existente sólo en parte. Se tiene la seguridad de la trascendental colaboración e intervención en estas obras de Tomás de Geraldino, Embajador de Fernando VI en Inglaterra y, posteriormente, miembro del Consejo de Indias, actividad colaboradora que realizó en unión de su hijo, Don Francisco Geraldino, quien por entonces ostentaba en la Hermandad el cargo de Hermano Mayor, habiendo sido a cargo de éste último de manera especial la ejecución del retablo mayor, instalado en el presbiterio ocupando todo su frente. Era este de madera dorada y tallada, creyéndose quedó concluido en 1.787. Don Tomás de Geraldino pasó los últimos días de su vida en Jerez, dedicando toda su actividad e influencia a obras de mejoras para la población, en especial públicas de comunicaciones y saneamientos. Falleció el día 14 de Junio de 1.755, siendo sepultado en el presbiterio de la Iglesia, aunque en la actualidad no se conserva lápida alguna que indique el lugar de su enterramiento en su emplazamiento exacto. La obra se dio por terminada en el año 1.735, inaugurándose con diversos y solemnes actos religiosos que, al parecer, constituyeron una manifestación popular y verdadera festividad de la localidad, “celebrándose solemne Septenario que costeó la Ciudad que fue invitada por la Hermandad, como dueña y usuaria del nuevo templo”, ello según consta en el Libro Capitular de dicho año, cabildo de 7 de Febrero, folio 1.942 v. Coincidiendo con las remodelaciones arquitectónicas descritas y como contribución de la corporación municipal a tales obras, en 1.732 se construye la Plaza de las Angustias. Hasta aquella fecha no había dejado de ser una explanada, sin una concreta estructura urbanística. Entonces se realizaron en aquel lugar los trabajos necesarios para convertirlo en una auténtica plaza. Las obras fueron costeadas del peculio personal del entonces Corregidor de la Ciudad, Don Carlos de Angulo y Ramírez de Arellano, Marqués de Angulo. A pesar de ser popular y oficialmente conocida la Plaza desde antaño con tal denominación, no es hasta 1.752 cuando aparece el nombre de Plaza de las Angustias en el Catastro de Riqueza. A partir de las anteriores fechas y hasta la Revolución de 1.868, no se conocen noticias históricas de importante trascendencia referentes al templo cuyo estudio retrospectivo nos ocupa. No obstante, y como documento histórico acreditativo de la conexión social de este templo entre la población jerezana, nos permitimos hacer referencia a dos lápidas sepulcrales que cubren sendas fosas situadas en ambos lados del Presbiterio. Corresponden las mismas al siglo XVIII y, según inscripción que presentan, yacen bajo las mismas Doña Ana Guzmán Adorno y Dávila, hija única y heredera de su título de Don Francisco, Marqués de Biyamarta, y esposa de Don Albaro Dávila i Amaya, también Marqués de Biyamarta (ortografía de la época); falleció el 21 de Octubre de 1.767. Se encuentra allí inhumado igualmente Don Juan de Matazurita, muerto en 1.789, y Doña Nicolasa de Bargas Fontanilla. Consta de la existencia de otros enterramientos de la época en esta iglesia, tales como el ya mencionado de Don Tomás de Geraldino, pero sin inscripción identificativa de los mismos. Así ocurre con una pequeña cripta que se excavó ante el Presbiterio, probablemente construida a la vez que el crucero. De la misma no se sabe si estuvo ocupada con anterioridad al presente siglo, pues los restos que se conservan en este recinto mortuorio, dividido en nichos u osarios, datan de finales del siglo XIX, como se narrará más adelante. Acaecidos los sucesos políticos que dieron lugar a la Revolución del 18 de Septiembre de 1.868, en este año fue clausurada la Iglesia por la Junta Revolucionaria, siendo despojada de sus altares y considerable número de los enseres de la Hermandad que no pudieron ser ocultados. La Cofradía hubo de trasladarse a la vecina Iglesia de la Trinidad, sede hasta entonces de la Comunidad de Padres Trinitarios, pero convertida en aquel momento –por haber sido suprimida tal comunidad por los revolucionarios– en templo auxiliar de la Parroquia de San Miguel, permitiéndose por ello que permaneciese abierta al público. Allí fueron trasladadas las Imágenes titulares, una vez calmada la situación, pues previamente había sido custodiadas en el domicilio de su camarera. Si bien la Iglesia no llegó a ser derribada, –como ocurrió con diversos templos y conventos de la Ciudad, por orden de la Junta Revolucionaria– corrió serios peligros, causándose en la misma sucesivos desperfectos. El retablo mayor fue desmontado –curiosamente no por los revolucionarios, sino por un dudable “salvador”– por un hermano so pretexto de ponerlo a salvo. Lo trasladó a una viña de su propiedad, pero nunca procedió a su devolución. Se tiene noticia de que fue destruido, llegándose incluso a utilizársele como leña. Existe una creencia de que el retablo pasó a ocupar el altar mayor de la Capilla del Santo Entierro, pero ello es del todo infundado, simplemente por una mera cuestión de medidas. Sin embargo, no sería del todo improbable que la actual embocadura del camarín de Nuestra Señora de la Piedad, en aquella Capilla, pudiese ser una adaptación de algunas piezas de la también embocadura del retablo de las Angustias. La iglesia fue incautada por el Comité Revolucionario, que instaló en la misma un club republicano. Durante el tiempo que fue utilizada para tal menester, el púlpito servía de tribuna de oradores en los actos allí celebrados. Según testimonios transmitidos por testigos presenciales, tuvo lugar en 1.869 el fallecimiento repentino de uno de los oradores cuando hacía uso de la palabra, constituyéndose la capilla ardiente en el mismo camarín. Con posterioridad a estos hechos, y una vez pasado el fragor revolucionario, antes de que la Hermandad pudiese recuperar su iglesia, ésta estuvo dedicada durante algún tiempo al culto luterano. Tal usurpación se prolongó hasta el día 13 de Marzo de 1.872, fecha en la que, mediando la trascendental intervención del entonces Marqués del Castillo, la Iglesia le fue devuelta a la Hermandad, la imagen titular devuelta a la Iglesia con la celebración de solemne procesión y cultos, y restablecido en la misma el culto católico después de una nueva consagración.
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