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Referencias históricas sobre la Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 09 de enero de 2008

Como quiera que los sucesos de 1.868 afectaron, no sólo a este templo, sino a todo el estamento eclesiástico, muy especialmente a los conventos, la Comunidad de Padres Carmelitas de Jerez, como otras muchas, sufrió su exclaustración, albergándose desde entonces la imagen titular del templo, Nuestra Señora del Carmen, en la Iglesia parroquial de San Dionisio. En la misma permaneció hasta el día 10 de Mayo de 1.879, fecha en la que fue trasladada, no sabemos en virtud de qué acuerdo, a la Iglesia de las Angustias. En ésta quedó expuesta al culto hasta el 7 de Abril de 1880, día en que se le trasladó de nuevo, en esta ocasión ya definitivamente, al Convento carmelita, del que había tomado posesión de nuevo la comunidad y restaurado de los graves desperfectos que le fueron causados.

Durante todo ese tiempo, permaneció la comunidad carmelita habitando las dependencias de la Iglesia de las Angustias en espera de la recuperación y rehabilitación de su primitivo convento. Probablemente la ocupación por parte de aquellos frailes de las dependencias de la Cofradía se debiera bien a no reconocerse plenamente el derecho a la propiedad y posesión de la Hermandad a aquellas o bien, a una posible languidez en la vida activa de la Hermandad, que conocemos existió, intensificada muy presumiblemente por los más recientes acontecimientos políticos, que le fueron adversos.

Lo cierto es que sólo un año después de que los carmelitas dejasen expedita la iglesia y sus dependencias, aquella y estas volvieron a ser ocupadas por otra comunidad religiosa, igualmente ajena a la Hermandad.

Demolido por orden de la Junta Revolucionaria el Convento de San Cristóbal de esta ciudad, que se alzaba entre las actuales calles de San Cristóbal, Eguilaz y Tornería, las monjas que tenían en el mismo su sede, Comunidad de Religiosas Canónigas Regulares del Sancti Spiritu de la Orden de San Agustín, se trasladaron el día 10 de Agosto de 1.881 a la Iglesia de las Angustias, en cuyas edificaciones anexa establecieron su sede conventual. Consta que la Hermandad, como dijimos sumida en una total inactividad y compuesta ya de un exiguo grupo de hermanos, cedió, no sabemos si voluntariamente, aquellas instalaciones, junto con todo el patrimonio histórico y artístico que allí se albergaba. Al efecto, se redactó un Inventario ante el Notario eclesiástico Don Manuel Fernández Tramblet, con la Intervención del prácticamente único hermano en activo, Don Manuel Lagos Romero.

Esta permanencia, que habría de prolongarse durante cuarenta y cinco años, fue uno de los episodios más lamentables de la Historia de la Hermandad y su sede de la que venía siendo, aún en cierta manera desposeída, su única propietaria. Tuvo lugar la adversidad que se observa en este periodo fundamentalmente por tres razones.

La primera, desde que se entronizó en aquel lugar la comunidad religiosa, al ser ésta de clausura, la Hermandad vio obstaculizado prácticamente incluso el acceso a su templo. Esta situación favoreció el que, vertiginosamente, la inactividad de la Cofradía se convirtiese en su total disolución, si bien no su extinción. Esta ocupación, además, hizo fracasar sucesivos proyectos de reincorporación de la Hermandad, tales como el que tuvo lugar en 1.896, rechazándose por la Autoridad Eclesiástica ante la incompatibilidad que suponía ser aquellas dependencias a la vez sede de la comunidad de clausura y de la cofradía.

Un segundo motivo para entender lo lamentable de este periodo, es la pérdida paulatina de gran parte del mobiliario, objetos litúrgicos, de culto y artísticos y, en fin, del patrimonio de la Hermandad y la Iglesia en general. Y ello debido a que las monjas, en un intento de combatir la penuria económica que padecían, fueron deshaciéndose, sin autorización ni beneplácito de tipo alguno, de los bienes que tenían bajo su uso y custodia, vendiéndolos a bajo precio, malbaratándolos y ocasionando con ello la pérdida de un importante emporio artístico.

Y, como penosa culminación de esta sucesión de despropósitos, hemos de citar la pérdida total en esta época del importante archivo de la Hermandad, el cual contenía todo tipo de datos históricos sobre la misma y la iglesia que constituye su sede. Tal pérdida tuvo lugar por incendiarse aquel cúmulo documental, al parecer intencionadamente, por haber procedido las religiosas a la venta de un armario de cedro, el cual había venido sirviendo para guardar el archivo, venta que se realizó por las razones antes aludidas.

Durante los años que sirvió la Iglesia de las Angustias de sede conventual, se sabe que tuvo lugar la realización de obras en el templo en el año 1.895, si bien no existen referencias documentales sobre la importancia y contenido de tales reparaciones.

A resultas de que la Comunidad fuese reduciéndose como consecuencia del sucesivo fallecimiento de las religiosas, las cuales eran ya de mucha edad, una vez que sólo quedaba un exiguo número de ellas, dispuso el Arzobispado, muy probablemente ante las repetidas instancias del citado cofrade Don Manuel Lagos Romero, el traslado de aquellas al Convento de la Orden en El Puerto de Santa María.

Las monjas que habían fallecido durante la estancia de la Comunidad en la Iglesia de las Angustias, fueron enterradas en la cripta existente a los pies del Presbiterio, de la que ya se hizo alusión, lugar donde se conservan sus restos.

Gracias al traslado a El Puerto fue posible la reorganización de la Cofradía, objetivo que se perseguía, como queda dicho, desde mucho años antes por los únicos tres hermanos que aún vivían y seguían perteneciendo a la Hermandad o, mas bien, eran la Hermandad.

La aprobación de la reorganización tuvo lugar de manera oficial el día 16 de marzo de 1.925. A partir de aquella fecha y hasta las presentes, ha continuado siendo el destino de la Iglesia el que nunca debió de haber dejado de ser, la sede de la Hermandad de las Angustias, que construyó, reestructuró, restauró y conservó aquellas dependencias para tal fin.

La época inmediatamente posterior a la reorganización fue muy propicia a la realización de algunas obras, en general de reparación y restauración de los deterioros que el tiempo y los sucesivos usos y abusos del recinto habían ocasionado. Debió de tratarse de un remozamiento de cierta envergadura y profundidad, pues se conoce que se llegó incluso a restaurar algunas de las pocas obras artísticas que quedaban, tales como la pintura que cubre la bóveda del camarín.

También en los meses posteriores a la reorganización se devolvió a las dependencias de la Iglesia su estado primitivo, despojándolas de las adaptaciones efectuadas por las religiosas necesarias para la clausura, tales como el coro –instalado tras el brazo izquierdo del crucero-, o las celdas. Aún hoy puede verse señalado en las vigas del salón existente bajo el camarín la hulla de los tabiques que habían constituido las celdas de las monjas.

Es necesario hacer aquí mención que formaban parte del mismo recinto que nos ocupa la casa señalada con el nº 5 de la Plaza de las Angustias, la cual está integrada por una nave –convertida en habitaciones– que discurre junto a la primitiva de la Iglesia, de la que debió de formar parte integrante y cuyas paredes y bóvedas reproducen los mismos elementos arquitectónicos y decorativos en iguales materiales que el resto de la Iglesia. Hoy se encuentra separada, desde antes de estos años, por un simple tabique. Igualmente forma un conjunto con las actuales dependencias de la casa de Hermandad la finca nº 1 de la calle Porvenir, conclusión que se deduce de la simple contemplación de su fachada y tejado además de su estructura interna. Existen fundadas razones históricas para entender, además de las arquitectónicas aludidas, que perteneció también a todo el inmueble de la Cofradía. Sin embargo estas dos fincas nunca fueron devueltas, siendo ambas hoy día propiedad de sendos adquirentes, a quienes a su vez les fueron transferidas. A la vista de ello, es evidente que existió una compraventa primera en forma legal, al menos con apariencia legal, pero se ignora cuál fue la primera transmisión. Se conjetura fuera despojada la Hermandad de estos recintos bien como consecuencia de la Desamortización de Mendizábal, o bien por causa de la Junta Revolucionaria de 1.868.

La primera de tales hipótesis se entiende altamente improbable por dirigirse aquella recepción dominical de bienes privados a manos públicas contra las propiedades de la Iglesia, no siéndolo estas dependencias.

También cabe pensar en venta realizada por la comunidad de religiosas, tal como hiciesen con los bienes muebles. Pero la realidad es que cuando se le devolvió a la Hermandad su Iglesia y lo que quedaba de su patrimonio, en 1.925, estas fincas permanecieron en manos ajenas, que ya habían devenido en propietarias. Al objeto de obtener alguna luz sobre estos sucesos, actualmente se investiga la situación dominical de estas dos casas en el correspondiente Registro de la Propiedad.

Una vez pasados aquellos años y con anterioridad a la segunda mitad del presente siglo, no se conocen más obras en el templo que la sustitución del antiguo pavimento por una solería de mármol blanco, la cual fue instalada en 1.947, sufragando su coste Don Juan José Palomino Jiménez, conocido vinatero jerezano que tenía su domicilio muy cerca del recinto sagrado.

Posteriormente, ya en la década de los años 50, se abrió un vano en el lateral de la nave, en la zona correspondiente a la primera crujía, al objeto de instalar una gran puerta a la Calle Porvenir que permitiese la salida procesional de la Hermandad cada año por aquel lugar, utilizando un nuevo paso, de proporciones tales que no cabía por hasta entonces única puerta existente.

Varios años más tarde, en la década de los 60, se acusó un serio peligro de ruina en toda la edificación correspondiente a lo construido en el siglo XVIII. Fue necesario efectuar una enorme obra de reparación consistente en el reforzamiento de los cimientos a lo largo de todo el perímetro del recinto, para lo que hubo que levantar el pavimento y excavar toda aquella zona.

A la vez que estas obras de consolidación, se modificaron diversas dependencias interiores, en especial lo que constituía la casa del sacristán existente hasta entonces. Esta fue transformada en un amplio salón en la planta principal, construyéndose otro de idénticas proporciones bajo este, a nivel de la iglesia, utilizándose el inferior desde entonces como salón de almacén, y el superior como Sala Capitular.

También sirvió esta ocasión para modificar el exorno del templo, retirándose del mismo diversos adornos y retablos de mala factura, ya muy desvencijados.


 

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Antigua y Venerable Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias - C/ Porvenir, 1 - 11401 Jerez de la Frontera
Este sitio se estrenó el 15 de septiembre de 2007, festividad de los Dolores Gloriosos de María, siendo Hermano Mayor D. Francisco Mancilla Fernández