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Poema a Nuestra Señora de las Angustias PDF Imprimir E-Mail
domingo, 03 de agosto de 2008
Poema a Nuestra Señora de las Angustias
 
La muerte está acunada en tus rodillas
y es la muerte de Cristo redentora.
Muerte de luz que vida da a la vida
y en vez de ocaso es manantial de aurora
 
Pero tu angustia, madre, inevitable
por ser humana muerte, es dolorosa.
Es la muerte de un hijo que ha sufrido
un calvario de escarnios su persona.
 
Ni el luctuoso duelo de tu Hijo
ni la trágica angustia que te aborda
han conseguido ajar tu noble estampa
ni tu belleza ensombrecer, Señora.
 
Y me pregunto yo: ¿Cómo se explica
-¡Oh, gran contrasentido de la historia!-
que la opresora angustia que te envida
realce la beldad que Tú atesoras?
 
Has catado la hiel del sufrimiento
y en tu imagen la angustia se denota,
pero en ti late un gran presentimiento:
la muerte de tu Hijo es transitoria.
 
Tu corazón que sufre humanamente
adivina una muerte victoriosa.
Cristo, divino Dios y redentor,
ha de resucitar en plena euforia.
 
Por ello la expresión de tu hermosura
se acrecienta brillante y luminosa.
¡Qué madre aguantaría tan duro golpe
conviviendo una muerte tan monstruosa!
 
Virgen de las Angustias, madre amante,
madre influyente, Tú corredentora,
ayúdame a la hora de mi muerte:
quiero morir en gracia salvadora.
 
No le temo a la muerte, con tu auxilio
la muerte es mero tránsito a la otra
vida inmortal y eterno paraíso;
doy fe como cristiano, así me consta.
 
Virgen de las Angustias, madre amable,
madre admirable, madre mediadora,
te imploro la merced que me recuerdes
el día que de mi vida Dios disponga.
 
Quiero que mi alma vuele hasta tu falda
y hacia ese cielo que los justos gozan,
se pose en tus rodillas reclinada
y le abras las puertas de la gloria.
 
 
Benito Pérez
Jerez, abril 1992.
 

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