Recordando a un amigo E-mail
Sábado, 15 de Septiembre de 2007

Revista Lentisco 2007
Asociación de Belenistas de Jerez

Recordando a un amigo
Pedro Sánchez Romero

Hace muchísimos años ya, tuve la gran suerte de conocer a José Alfonso Reimóndez López, más conocido de todos por "Lete". Pero quien me iba a mí a decir que con el paso de los años, llegaría a tener un contacto estrecho con tan entrañable persona, y ha sido por varios frentes: En su parcela profesional como decorador, viéndome a mí capacitado para ello, según su criterio, tuve el honor de realizarle trabajos decorativos para el sector de la hostelería, concretamente en El Puerto de Santa María, para las preciosas instalaciones, incluida la fachada "made in Lete" del "Mesón del Jamón", varios murales para el restaurante "El Loli" en Sanlúcar, o en "El Gallo Azul" aquí en Jerez, donde pinté el citado gallo, ya que después de la heladería que existió en dicho lugar, con el cierre de la misma, desapareció del interior el óvalo con la figura altanera de la gallinácea que daba nombre al establecimiento. Cuando tiempo después le encargaron a Lete la decoración del mismo los actuales dirigentes, y al no haber constancia alguna de dicho óvalo, le presenté una foto que busqué de un gallo, le gustó, y se lo pinté.

Pero aparte de esta faceta suya profesional, tuve la satisfacción de colaborar con él en el montaje del Belén que realizó para nuestra querida Asociación. Allí empecé a ver claramente el artista que era. Cuando todos para hacer un Belén urbano, empezamos a trazar, cortar casa a casa, y cosas así, él te decía: "ompare, arme" dos cubos de tanto por tanto y de tal altura, tres de estas tres medidas", y así sucesivamente los que fueran, uno lo hacía, pero estaba "en Babilonia", después surgía el genio del artista, e iba "casando" los cubos, pieza a pieza, sin puertas, ventanas ni nada, y veías como iba apareciendo casas y calles, que con tapias, escaleras y vericuetos, componía un fabuloso pueblo hebreo, que como él no lo ha realizado nadie.

Tiempo después le llegó el turno al Belén Monumental, con motivo del Congreso Nacional Belenista, para dicho evento la Junta directiva de aquel entonces comandada por Vicente Prieto tuvo a bien, encomendarle la realización del proyecto. Buscó un grupo de belenistas como Manuel Salado, Esteban Benítez, Miguel Pérez, Antonio Mata, el propio Lete, mi inolvidable amigo Antonio Peña y yo.

Ni que decir tiene que nos vimos impresionados, cuando vimos toda la grandísima superficie instalada, y que teníamos que "llenas". Pero pronto se rompió el hielo, pues después de expresar Lete sus ideas y asignar a cada uno la parcela correspondiente, se retiró a una habitación donde guardábamos todo el material, cogió una pieza de tela horrenda que nos habían regalado, cortó un gran trozo, le abrió un boquete en el centro, se lo metió por la cabeza a modo de casulla y se ató un cintajo a la cintura, después con otro trozo del mismo tejido se lo ató en la cabeza, con "aire" de maño, sin que nadie lo hubiéramos visto, salió y con la voz en alto dijo: "quillo, este es el uniforme que nos tenemos que poner para trabajar". Todos estallamos en risas, siendo ese momento el prólogo de unos meses de trabajo, que si bien es verdad, no llegábamos ningún día antes de la una de la madrugada a casa, incluidos los sábados y los domingos en los que comíamos y cenábamos en el "tajo", también es verdad que todos los que participamos en dicho Belén, estamos de acuerdo en que fue una experiencia única y maravillosa.

Cuando lo empezamos, Antoñito Peña llevó para animar el ambiente, música de Navidad que era lo normal. Pero al cabo de unos días, Lete nos dijo que iba a llevar otra música que le gustaba más y que estaba más "acorde". Llevó marchas de procesión ¡natural en él!. Y otra todavía más "acorde" ¡Pasodobles!. ¿Se imaginan Vdes. la construcción de un Belén hebreo a ritmo de "Gallito" o "Nerva"?. Después venía lo que tenía que venir, el cachondeo y la risa. O cuando ponía la marcha "Ione", llegando en el momento de la interpretación, en que la música hace una decadencia escalonada, era acompañada a compás de la misma por un unísono ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja. Aquello era el no va más, una auténtica explosión de carcajadas. Siempre lo recordaré tronchado de risa, con su sempiterno y maldito cigarro en la mano.

Se terminó el belén. Realizamos una gran obra muy difícil de superar, quedando en los anales del belenismo, y para todos los que participamos, un orgullo de ver el trabajo bien hecho y así reconocido por todos los congresistas que vinieron, y sabían apreciar el justo valor de lo que estaban viendo. A mí particularmente me tocó el "gordo" de la lotería, al trabajar justo al lado de él, y les aseguro que fue enriquecedor; por su formación cristiana, por su humanidad, su sentido de la amistad y del humor. Todos los días se aprendía de él. Te sabía transportar al mundo que le bullía en la cabeza. Tenía unas ideas tan maravillosas que en más de una ocasión y después de escucharle algunas de las exposiciones que me hacía, le decía: Letito, tú no tenías que estar aquí, tú  tenías que estar en Norteamérica, donde esas ideas irrealizables en este país allí lo hacen realidad. Donde tantos creadores de parques temáticos existen, y de proyectos colosales. Pero eso no podría haber sido, aunque hipotéticamente hubieran venido a por él, jamás se hubiera ido. Él era muy jerezano, jamás hubiera salido de esta nuestra bendita tierra, y perder todo lo que más quería, Perder a su Madre de las Angustias, la misma que el día 30 del pasado junio lo acogió en sus brazos con todo el amor del mundo, como sólo lo tienen las madres, con todo el amor y cariño, como él le tuvo a Ella. Perder su playa de Valdelagrana, donde en sus paseos en los meses desde la primavera y hasta el otoño, con su inseparable Tere, daba rienda suelta a la imaginación, recargando ese almacén de ideas. Perder la Semana Santa, que la vivía las veinticuatro horas del día; la juventud cofrade, su gran labor al frente de la Unión de Hermandades. De la feria no digo nada, porque sencillamente no le gustaba. Pero ¿cómo se iba a perder, en ese imaginario caso de llamarlo de América, el darse el "gustazo" de darle unos cuantos muletazos a una becerra?. En el maletero de su coche siempre estaba su "jato", entiéndase el argot taurino, capote, muleta y estoque simulado; todo ello siempre dispuesto por si "salía algo".

Un buen día le llegó a la Asociación un encargo ajeno al belenismo y Lete se vio enfrascado en un proyecto que acogió con inmensa alegría: la recreación de una dehesa, par ala I Feria del Toro Bravo, a instalar en Sevilla, concretamente en FIBES. Para la realización del mismo contó con: Antonio Peña, Miguel Pérez, Gonzalo Barroso y yo. Aquel fue un trabajo hermosísimo, que nos llenó de satisfacción y orgullo, al ser visitado por el príncipe Felipe, el día de su inauguración.

Era digno de verle como te quería transmitir las ideas que le afloraban el cerebro, como igualmente ocurrió con el Belén Monumental, o en aquel otro Belén "gigante" que montamos en el salón de nuestra Asociación. Él empezaba a exponer sus ideas, te las definía tan bien que a medida que hablaba, ibas "viendo" perfectamente lo que te estaba describiendo.

Los que tuvimos más o menos contacto con él le vamos a echar mucho de menos, si no que se lo pregunten al amigo José Antonio "Lena", su "brazo derecho" en la construcción de las estructuras diseñadas por Lete, o a Jesús, carpintero ejecutor de las mismas.

Parafraseándolo a él cuando me decía: "Pedro, yo los Belenes los termino, pero no los acabo". Lete se nos ha ido, pero no es así, él seguirá siempre con nosotros.

Hasta siempre amigo, hasta que Dios quiera que nos veamos, maestro.

 

En los próximos días

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