Costalera del amor E-mail
Sábado, 15 de Septiembre de 2007

Teo Segura Gómez.
Un extracto de esta carta fue publicado en Cartas al Director.
Diario de Jerez, 04/07/2007

Costalera del amor

Amanecía la mañana del sábado, día de la Virgen, 30 de junio. Circulaba ante la Capilla de Nuestra Señora de las Angustias, (mi Hermandad) y, viendo que estaban las puertas abiertas, sentí la necesidad de "hacer una visita", además de la curiosidad de saber qué pasaba.

Aparqué y comprobé la hora en el tablero del coche, "manía" que tengo siempre, tanto al subir como al bajar de él. Eran las seis en punto.

Al subir la escalinata, el olor agradabilísimo de unas flores que no supe identificar me llegó, proveniente del interior del templo. Éste se encontraba desierto y, extrañado, observé que, como cualquier Domingo de Ramos, el "paso" se encontraba ante el altar, perfectamente preparado, como si fuera a procesionar de inmediato.

Sin embargo, sobre él no aparecía el tradicional grupo de la Piedad, sino la figura solitaria y erguida de una Dolorosa, con las mano extendidas hacia el frente, en actitud de súplica. Resultándome familiar miré fijamente su cara, comprobando sorprendido que era nuestra titular, ¡María Santísima de las Angustias!

Desconcertado, volví los ojos hacia el camarín, encontrándolo vacío. Únicamente la cruz, con el paño caído sobre sus brazos, ocupaba la soledad de aquél. Un ligero movimiento me hizo bajar la mirada. Ante el "paso" se encontraba Cristo, ese Cristo de nuestra Hermandad que todos conocemos yacente en los brazos de su Madre, sólo que esta vez estaba en pie, mirándola a Ella, fijamente.

Suavemente se inclinó hacia el respiradero y en toda la Capilla resonó su mensaje: "¡Lete, que te voy a llamar!" Bajo el "paso", la inconfundible voz de José Alfonso Reimóndez contestó rápida e ilusionada: "Señor, estoy dispuesto, llama cuando quieras!" Las paredes de la Capilla se hicieron eco de un único y seco golpe de llamador. Sin embargo, no hubo movimiento alguno. Alcé la vista notando que algo ocurría. La imagen de Nuestra Señora seguía en pie, pero esta vez, sobre sus brazos aparecía el cuerpo, ya sin vida, de Lete. El Cristo seguía abajo, ante el "paso". Madre e Hijo se miraron intensamente. Ella, abrazándolo maternalmente, depositó un beso en la frente de Lete. ¡Y los tres desaparecieron!

Confundido, revisé la escena: el "paso" seguía vacío, ante el altar. En el camarín, la cruz, solitaria, enviaba su permanente mensaje de salvación.

Y, entonces, ¡recordé...!. Nuestra etapa de costaleros, feliz logro de Lete. Regalo suyo a la Semana Santa jerezana treinta y cuatro años atrás. Y aquella oración, o ruego, acompañado de nuestra esperanza... "Cuando yo me muera, Madre, quiero estar siempre a Tu lado, que Tu costalero he sido, por amor, año tras año". "Llegado ese día, hijo, vendrás directo a Mis brazos, que si has sido costelero y en tus hombres Me has llevado, Yo querré cargar contigo. Te acunaré en Mi regazo".

De inmediato, dos sensaciones contradictorias de congoja y bienestar me invadieron y, sin esperarlo, las lágrimas acudieron a mis ojos, cegándome momentáneamente.

Cuando pude calmarme, miré al frente. El "paso" ya no estaba. En el camarín, la Virgen de las Angustias, con su Hijo, muerto sobre el regazo, continuaba formando el conjunto que todos conocemos de memoria.

Por un momento pensé que podría haberme quedado dormido. Me acerqué al altar y miré atentamente el rostro de Nuestra Madre. Sentí que me llenaba de esperanza. No había sido un sueño. Algo había pasado. Las conocidas lágrimas que surcan sus mejillas habían desaparecido y una sonrisa, dulce y tierna, iluminaba su cara y, a la vez, toda la Capilla, que aparecía esplendorosa.

Salí a la plaza y esta vez el aire fresco de la mañana envolvió mi sensación de alegría y confianza. Subí al coche y, nuevamente, quedé desconcertado. El reloj marcaba la misma hora que al bajarme. Eran las seis en punto. No había pasado el tiempo. Sonó el móvil. Hice intención de cogerlo, pero estaba apagado. Lo que en realidad sonaba era el teléfono de casa. Atendió mi mujer. Colgándolo se volvió y, con tristeza, dijo: "Ha fallecido Lete". "Ya lo sé, Pili, la Virgen de las Angustias, acompañada de su Hijo, lo ha presentado al Padre". Y, esperanzados, llorando, rezamos en su recuerdo.

A Tere, Mª Carmen, Juan, Jaime y a todos los hermanos de nuestra queridad Hdad. de las Angustias, compartiendo su enorme sentimiento de tristeza, pero con un igualmente enorme mensaje de fe y esperanza.

 

En los próximos días

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