La capilla y Hermandad de las Angustias E-mail
Sábado, 25 de Julio de 2009

Juan de la PlataArtículo del Diario de Jerez escrito por Juan de la Plata y publicado el 24 de marzo de 1991. Trata sobre la historia de la capilla y la Hermandad de las Angustias.

Por su interés volvió a publicarse en el mismo diario en 1995.

 

RETABLO DEL XEREZ ANTIGUO

La capilla y Hermandad de las Angustias

Según viejos papeles que hemos encontrado en el Legado Soto Molina que se conserva en el Archivo Municipal, poco después de la Reconquista de Jerez por Alfonso X el Sabio, a espaldas del baluarte de la Ciudad, llamado "de la Madera", a la salida de la Corredera existía, casi arruinado, un humilladero -lugar devoto a la entrada de los pueblos, con una cruz o imagen- ante el cual se descubrían respetuosamente los caminantes y al que solían acudir los caballeros, para encomendarse a Nuestra Señora de los Siete Cuchillos, antes de salir al campo, para enfrentarse a los moros.


Con el paso del tiempo, fue creciendo esta devoción y el derruido humilladero vino a convertirse en una ermita de reducidas proporciones, al principio, en la que comenzaron a congregarse, formando Hermandad un grupo de jerezanos, los cuales presentaron sus Reglas al prelado de la diócesis, según las cuales se obligaban por las mismas a rezar el Santo Rosario, ante la imagen titular de la ermita, a celebrar la fiesta de Nuestra Señora de los Siete Cuchillos y a sacar en procesión, cada tarde de Domingo de Ramos, la santa imagen que veneraban.

 

Antigüedad de la ermita y de la Hermandad

Según el historiador Grandallana, la fundación de la ermita data del año 1523, no faltando quien afirme, aunque sin documentos que lo respalden, que la Hermandad pudiera haberse constituido, al año siguiente.

En fecha de 18 de abril de 1567, la Ciudad acordó entregar la ermita a Juan Pecador, para que estableciera en ella un hospital, contándose para ello con el beneplácito de los vecinos a cuyo cargo estaba la ermita; asignándole también una aranzada de terreno; pero todo ello quedó sin efecto al concedérsele el Hospital de San Juan de Letrán.

Se sabe positivamente que la hermandad existía y parecía tener vida próspera, en la segunda mitad del siglo XVI, ya que en 11 de enero de 1578, por escritura otorgada ante el escribano Miguel de Morante, el cofrade don Fernando de Morales Maldonado hizo entrega a la dicha Hermandad de una imagen de la Virgen, con el Señor muerto en sus brazos, que constituía un grupo escultórico que había pertenecido a sus antepasados y que, desde veinte años antes, por su expresa voluntad, venía recibiendo culto en dicha capilla, donde se encontraba expuesto a la veneración pública, Como cláusula curiosa de esta donación figuraba la de que sus herederos jamás podrían reclamar la imagen so pena de diecisiete ducados.

Este bellísimo grupo escultórico dicen que había pertenecido, al parecer, al castillo de la Isla de León y al doctor don Juan Sánchez de Suazo, consejero del rey y corregidor mayor del reino, en Galicia, el cual permutó su señorío de la Isla por una veinticuatría, tierras y casa en Jerez, con su cuñado el Duque de Arcos, y al establecer su residencia en Jerez se trajo las imágenes a sus casas, en la collación de San Mateo, donde fueron veneradas en oratorio privado y, posteriormente, en hornacina hecha en el portal de su morada. Al pasar a propiedad de la Hermandad, la imagen de la Virgen tomó la denominación de Nuestra Señora de las Angustias, que conserva hasta nuestros días.

Aunque algunos han creído que la donación fue obra de don Fernando de Morla, parece que se trata de un error manifiesto y tal versión carece de todo fundamento, ya que según el anónimo autor de estos papeles -a nuestro juicio, el propio Soto Molina- la donación la hizo el llamado Morales Maldonado, "sin duda de ningún género".

La primitiva cabeza de la Virgen "era de barro, de muy mal gusto", y fue sustituida por una de talla, de autor valenciano, que era propiedad de las hermanas doña María de Consolación y doña María de los Dolores Lagos Fernández.

Construcción del crucero y consagración servita

En 1685, la Hermandad admitió en su capilla, construida a sus expensas, a la Hermandad de la Santa Caridad, para que pudiese albergar a sus enfermos y pobres de solemnidad, cediéndoles además las dependencias y terrenos colindantes, en tanto no se ultimaban las obras del hospital que se construía en la Lancería. Poco después, los cofrades de las Angustias deciden ensanchar el templo y con el fruto de las limosnas acometen la edificación del crucero, "verdadera obra de arte barroco", cuyos trabajos se terminaron a fines de 1724.

Es en fecha 16 de abril de este mismo año 1724, cuando la Hermandad obtiene del Papa la consagración de su templo en Orden Tercera de Servitas o Siervos de María Santísima de los Dolores, erigiéndose por tanto en Terceros Servitas de Ntra. Sra. de las Angustias, quedando así establecido en 13 de agosto de dicho año, en cuya fecha tomó el Santo Escapulario su Hermano Mayor, el presbítero don Esteban Mexías, de manos de un misionero de la Orden, constituyéndose así "en procesión de instituto y regla de Terceros de Servitas".

En 1725 el Padre General de los Servitas dio a la Hermandad bula para poder constituirse en Confraternidad de los Dolores de la Virgen, con facultad para poder vestir su escapulario y ganar sus gracias e indulgencias. Y añade el documento consultado que "de todo esto hizo imprimir la Hermandad un sumario con las innumerables gracias concedidas a la dicha Religión de los Servitas, desde el Papa Alejandro IV, hasta su Santidad Benedicto XIII". Añadiendo que "todos estos hechos vinieron a reavivar el entusiasmo de los Hermanos que deseaban reorganizar la Hermandad, y en 11 de diciembre de 1725 se presentan ante el Prelado, demostrando que la Cofradía, aún cuando las Reglas primeras se hubiesen perdido, estaba fundada desde tiempo inmemorial. El Provisatorio Hispalense, siendo entonces prelado don Luis de Salcedo y Azcona, aprobó los nuevos Estatutos, en 28 de abril de 1726, siendo éstas las primeras Reglas conocidas y pudiéndose afirmar que, hasta entonces, no se intituló oficialmente la Hermandad, con la advocación de Nuestra Señora de las Angustias, pues antes se había llamado, más bien, al igual que el Humilladero, de Ntra. Sra. de los Siete Cuchillos. En virtud de estas nuevas Reglas, se estableció la fiesta del Viernes de Dolores y, de manera concreta, la procesión del Domingo de Ramos".

La alameda de las Angustias

Dicen los documentos consultados en el Legado Soto Molina que "por esta época se labró de nuevo la capilla, tomando aspecto de una verdadera parroquia, contando con hermoso camarín, retablos y viviendas, y con una capellanía, para celebrar misa todos los domingos y días de fiesta, a las once de la mañana. Se rezaba la corona todas las noches y se hacía rosario por las calles, a expensas de los cofrades". Como dato curioso de la importancia que había ido adquiriendo la Hermandad de las Angustias, se registra el hecho de que a la misma pertenecían los más destacados personajes de nuestra población, hasta el punto de que se exigía "que los cofrades habían de asistir de frac a la procesión, en prueba de hidalguía".

Para solemnizar la feliz terminación de las obras citadas, en el mes de marzo de 1735 se hicieron grandes fiestas religiosas por espacio de tres días, sufragando los gastos del primer día la Ciudad; los del segundo, los Servitas o Hermanos de la Cofradía; y la Parroquia de San Miguel los del tercero. Por otra parte y por más contribuir al embellecimiento de la capilla y para mayor esplendor de la Hermandad, el Ayuntamiento jerezano hizo construir en 1732 una hermosa alameda, en la plaza que hoy lleva el nombre de las Angustias. Obra ésta, que sufragó de su propio peculio particular, el propio corregidor de la Ciudad, don Carlos de Angulo y Ramírez de Arellano, marqués de Angulo.

Dícese que ya antes, había contribuido también la Ciudad a la construcción del reducto de entrada a la capilla, que se labró en febrero de 1707, y más adelante al parecer, en 1739, concedió ocho varas de terreno, para ampliar la fábrica de la capilla. Para fomentar aún más esta secular devoción a la Stma. Virgen de las Angustias, el Cabildo Municipal ya había dado licencia, en 30 de abril de 1717, para formar una capillita a Ntra. Señora, sobre el arco de la muralla de la calle Algarve. Esta capilla se abrió en el arco o postigo del Algarve, en el año 1720, al reconstruirse éste, y al derribarse luego, en 1832, por el corregidor Monti, también se destruyó la capillita y, lo mismo la imagen que la campana allí existentes, pasaron a la parroquia de San Dionisio, conservándose la imagen de la Virgen de las Angustias, en un nuevo retablo que se le hizo, junto a la puerta del Evangelio, a los pies del templo. Pero, en el arco del postigo del Algarve ya existió, anteriormente otra imagen de la misma advocación, puesto que en la solicitud elevada al Cabildo se dice "que por la devoción de algunos devotos se había hecho una imagen para colocarla donde estaba la antigua", existiendo noticias de que esta anterior imagen estuvo en el citado postigo, en 1647, lo que vendría a demostrar que la devoción de Nuestra Señora de las Angustias es una "de las más populares y antiquísimas de Jerez".

Los Geraldinos y el primitivo retablo

El anónimo autor de esta historia -ya digo que el mismísimo don José de Soto Molina, muy posiblemente- nos refiere que "gran parte de las obras de reforma llevadas a cabo en la Capilla de las Angustias se hicieron merced a la protección del jerezano don Tomás de Geraldino, embajador de Fernando VI en Inglaterra y luego de su Consejo de Indias, y por la solicitud y desvelos de su hijo don Francisco, Hermano Mayor de la Hermandad, que costeó el magnífico retablo del altor mayor de la Capilla", añadiendo a renglón seguido que "este retablo existió hasta la revolución de 1868, en que fue arrancado por un señor que llamándose católico y a pretexto de ponerlo a salvo se lo llevó a una viña de su propiedad, para no devolverlo más". Y hay una nota marginal, a mano, en la que se dice que "según una autorizada versión, este magnífico retablo fue llevado como leña a una bodega, salvándose las láminas, al ser devorado por el fuego". Como es de sobra sabido, el que fuera gran bienhechor de la Capilla y de la Hermandad, don Tomás de Geraldino, se encuentra enterrado en este templo de Ntra. Sra. de las Angustias de la que fue siempre gran devoto.

La Hermandad lleva una vida floreciente, durante muchos años, extendiéndose esta devoción mariana entre la mayoría de los jerezanos que solían acudir a impetrar los favores de la Virgen de las Angustias y, según consta, el día 15 de abril de 1773, jueves, en la octava del domingo de Resurrección, debido al terremoto que sufrió la ciudad, salió procesionalmente la venerada imagen, llevada en cortejo de la más rigurosa penitencia, hasta la capilla del Calvario, predicándose allí y por el camino, varios sermones. En otra ocasión, el 3 de marzo de 1793, también salió en procesión de penitencia y rogativa, para implorar de la Celestial Señora el favor de las lluvias. Otro tanto, ocurrió en 1800 y en muchas otras ocasiones, siempre "en solicitud de favores señaladísimos o para alejar males de la ciudad".

La capilla convertida en círculo republicano

Dice el anónimo historiador que "cuando mayor era el apogeo de la Hermandad, cuando llevaba vida más exuberante, contando con numerosos y piadosos hermanos, surge la revolución del año 1868, quedando los destinos de Jerez en manos de la Junta Revolucionaria que suprimió e hizo derribar varios templos. La Capilla de las Angustias hubo de pasar entonces por muchas vicisitudes y fue la primera de ellas ver convertido aquel santo lugar en círculo o club republicano, "con las consabidas consecuencias de echar a la calle o destrozar las imágenes y profanar los altares. Años más tarde pasaron los cofrades por el amargo trance de ver su capilla, recinto de tantas oraciones fervientes, de promesas llenas de unción y testigo de la fe acendrada de siglos, convertida en templo luterano".

En el mismo año 1868, y a causa de la revolución, la Hermandad y su precioso y primitivo grupo escultórico se ven obligados a trasladarse a la iglesia de la Santísima Trinidad, a la sazón abierta al culto como auxiliar de la parroquia de San Miguel, ya que la comunidad de PP. Trinitarios también había sido suprimida por la Junta Revolucionaria.

En la Trinidad existía otra hermandad de penitencia, la del Señor de la Humildad y María Stma. de la Amargura, por lo que ambas Hermandades permanecieron estrechamente unidas y en completa inteligencia, dándose el caso de que durante la Cuaresma, por la mañana se celebraba el septenario de la Amargura y, por la tarde, los cultos de las Angustias.Mientras tanto, la capilla titular estuvo dedicada a usos profanos, durante cuatro años, siendo recuperada para el culto católico en 1872, volviendo la Sagrada Imagen de la Virgen y del Señor a su iglesia, en solemnísima y triunfal procesión, tras recorrer las principales calles jerezanas, el día 13 de marzo de aquel año, y celebrándose una gran función de desagravio, al viernes siguiente.

Pero tendrían que pasar, todavía, muchos años, para que la Hermandad volviera a hacerse cargo de su capilla, puesto que los Carmelitas, que vieron saqueado y en parte destruido su convento, obtuvieron permiso para instalarse en ella, y en 10 de mayo de 1879, en un carruaje, llevaron la imagen de Ntra. Sra. del Carmen que, desde la revolución de 1868, se encontraba provisionalmente en el templo de San Dionisio.

Los Carmelitas estuvieron en las Angustias, hasta el 7 de abril de 1880, llevándose a la Virgen del Carmen, en solemne procesión tres días más tarde. Mientras tanto, debido a la forzosa inactividad de la Hermandad de las Angustias, los cofrades eran pocos y dispersos, entregando un grupo de ellos su capilla, "con imágenes, alhajas y enseres, en 10 de agosto de 1881, a las religiosas Canónigas Regulares de la Orden de San Agustín, que provisionalmente se habían recluido en el Convento del Espíritu Santo, por cuanto el suyo propio, denominado de San Cristóbal, también fue demolido por los revolucionarios". La entrega se hizo ante el notario eclesiástico don Manuel Fernández Tramblet, de cuyo inventario guardó copia el antiguo cofrade de Las Angustias, don Manuel Lagos Romero.

La reorganización de 1925

La Hermandad intentó reorganizarse en 1896, pero le fue imposible conseguirlo, al encontrarse con la incompatibilidad canónica de hallarse establecida en la capilla una comunidad de religiosas, que no habría de marcharse hasta el 22 de marzo de 1922, al convento de la misma orden de Agustinas, existente en El Puerto de Santa María. "Y no más que al día siguiente don Manuel Lagos Romero tomó posesión de la iglesia y dependencias, en nombre de la Hermandad propietaria".

Y dice el cronista anónimo que fue un "verdadero calvario para este cofrade satisfacer su afán de reorganizar la Hermandad de las Angustias, pero su piedad y tesón supieron vencer todos los obstáculos, y en el mismo año 1922 volvió a salir la efigie de Nuestra Señora procesionalmente en la Semana Santa, acompañada esta primera vez por un grupo de devotos en traje de calle".

Hasta el 16 de marzo de 1925, el Cardenal Ilundáin no aprobaría los nuevos estatutos que el propio señor Lagos Romero había redactado para la Hermandad Inmediatamente se constituyó la Junta de Gobierno, tras ser aprobada por el prelado y es, a raíz de estos hechos, cuando la cofradía cobra ya nuevos entusiasmos, sólo turbados durante los años 1931 al 36 por las persecuciones de la II República. Se introducen nuevas reformas en la iglesia y se restaura el camarín de la Virgen, cuyo techo pintado al óleo con una representación del Juicio Final tiene para el cronista "incalculable valor", ya que data esta obra pictórica "de la fecha en que se construyó el crucero".

Es en 1928 cuando los cofrades de la Hermandad de las Angustias pueden, por fin, acompañar a su sagrada titular, en la procesión de penitencia del Domingo de Ramos, revestidos con túnica, "pues desde 1922 venían haciéndolo en traje de calle y siempre en forma piadosa y de la más alta ejemplaridad". En 1929 estrenó la Virgen un nuevo paso, que sustituyó al antiguo, de muy pequeñas dimensiones.

Llamaba la atención de esta Hermandad, en la calle, además de un juego muy completo de insignias de plata cincelada, un magnífico estandarte de riquísimo terciopelo púrpura, orlado con gran acierto, y bordado en oro, con el escudo de la Cofradía, datando este estandarte del año 1724, en pleno y brillante periodo de los Servitas.

Al ser totalmente incendiado el archivo de la Hermandad, cuya existencia estuvo siempre muy unida a su capilla propia la que fue ermita de Nuestra Señora de los Siete Cuchillos, erigida en el lugar donde estuvo el humilladero del mismo nombre, a la salida de la Corredera, en el siglo XVI, parece ser esta la más completa y veraz historia -creemos que inédita hasta el momento- de sus muchas vicisitudes, amargos o gloriosos avatares, reorganizaciones, estatutos y reformas hasta su esplendorosa recuperación en nuestros días.

Suponemos que, después de los años 40, es cuando José de Soto Molina trató de hilvanar esta historia, consultando documentos que en forma indirecta se refieren a la Hermandad y capilla, ya que no existía escrito alguno que pudiera arrojar ninguna luz sobre las exactas antigüedades de ambas, reconstituyéndolas así, y conservándola en su riquísimo archivo documental que, con el resto de su legado, pasaría más tarde al Archivo Municipal, de donde nosotros la hemos exhumado, extractándola en lo posible y reduciéndola a los datos más importantes; ya que historia tan minuciosa como interesante, fruto de profundas investigaciones merecía que viera la luz, precisamente en un día como hoy, Domingo de Ramos, en que Nuestra Señora de las Angustias, un año más, vuelve a procesionar, entre el fervor y recogimiento de los cofrades de su antigua y venerable Hermandad, siguiendo la más piadosa tradición.

Juan de la Plata
Diario de Jerez
Domingo, 24 de marzo de 1991

 

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