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Sábado, 15 de Septiembre de 2007

Nuestra Señora de las Angustias

Sexto dolor de la Virgen

Virgen de las Angustias Imaginería: Cristo muerto en el regazo de su Madre. La antigua imagen de Nuestra Señora de las Angustias databa de mediados del siglo XVIII y estaba realizada en barro cocido. En 1925 Alfonso Gabino realizó un nuevo rostro tallado en madera. En 1940, Ramón Chaveli Carreres le construye un nuevo cuerpo. La imagen del Señor es también obra de Chaveli, bendecida el 18 de octubre de 1942.

 

Grupo escultórico anterior a 1942Grupo primitivo

Cristo antiguo El Cristo antiguo (s. XVII), talla barroca de madera de autor desconocido, fue restaurado en 2001 por Agustín Pina Calle, y se conserva en la Casa de Hermandad.

 

 

 

 


Corona de la Virgen

CoronaLas recreaciones pictóricas de la Virgen Dolorosa renacentistas y barrocas suelen carecer de corona, e incluso, algunas imágenes aparecen desprovistas de este elemento. La aparición de la corona sobre las sienes de la Virgen coincide con el inicio de los desfiles procesionales, al menos así nos lo demuestran dibujos, pinturas y grabados que reproducen a estas imágenes procesionales. Un hermoso ejemplo de estos testimonios lo encontramos en una plancha de cobre tallada a buril por Bartolomé Vázquez en 1778 que pertenece a la Antigua y Venerable Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias. Esta plancha de grabado muestra a Nuestra Señora de las Angustias sedente con su Hijo yacente sobre las rodillas, y sobre la cabeza de la Virgen una hermosa corona barroca que sin duda podemos identificar como la que se conserva en el tesoro de la Hermandad. Responde esta obra al modelo tipológico denominado "corona de canasto", cuyo origen tenemos que remontarlo a la segunda mitad del siglo XVII, de gran difusión en la Platería barroca y un extraordinario desarrollo a lo largo de la centuria siguiente.

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Uno de los ejemplos más hermosos más hermosos de corona de canasto barroca en la Platería jerezana lo tenemos en la corona de Nuestra Señora de las Angustias, obra de una extraordinaria belleza y una delicada ejecución. Queda definida por un aro de perfil cóncavo decorado por acantos repujados, enmarcado por dos filetes lisos, sobre el que arranca el canasto, calado y de perfil abombado, decorado por motivos repujados y cincelados en gran resalte, entre los que destacan roleos, tallos terminados en flores cerradas y abiertas y acantos. En el centro del canasto, dos ángeles tenantes sostienen el emblema de la hermandad, un corazón atravesado por siete puñales, sobre el que se alza un jarrón con tres azucenas, uno de los motivos iconográficos asociados a la gloria de María. Toda la composición está realizada con una gran precisión en el dibujo, que responde a un esquema simétrico que la dota de una gran claridad a pesar de la multiplicación y exhuberancia de los elementos decorativos y de la carnosidad de la técnica. Sobre el canasto se entrecruzan tres imperiales, de perfiles sinuosos compuestos por cartelas conformadas por acantos, en las que se inscriben cabezas de serafines enfrentadas; en la intersección de los imperiales una flor cuatripétala de gran resalte. Rodea el canasto una espléndida ráfaga compuesta por una media luna, a manera de diadema, realizada en una gruesa chapa de oro repujada y cincelada por sus dos caras, adornada por roleos y capullos de flores sobre fondo punteado, rodeada por diez rayos flameados que alternan con nueve rayos lisos terminados en estrellas, entre los que se disponen veinte rayos más cortos rematados por cabezas de serafines. En el centro de la diadema, dos ángeles tenantes de modelado rotundo, dispuestos simétricamente en un contraposto muy forzado, sostienen el corazón atravesado por cuchillos.

La pieza evidencia la mano de un gran maestro, y la presencia de un comitente que no escatimó ni esfuerzos ni exigencias a la hora de encargar la ejecución de una obra que iba a subrayar la majestad de su imagen titular. Podemos atribuir la labra de esta obra maestra de la Platería barroca andaluza al platero jerezano Juan Laureano de Pina. Fundamentamos tal atribución, a pesar de que carecemos de prueba documental o de punzones que ratifiquen su autoría, en el tratamiento del repertorio ornamental, especialmente en la configuración morfológica de angelotes y serafines, así como en el singular repujado de los motivos vegetales. La concepción de la obra, sinuosa en sus perfiles, exuberante en su exorno, pero dotada de una claridad y una simetría compositiva admirables, avalan -con las lógicas reservas- esta atribución. Podríamos incluso situar la fecha aproximada de esta corona entre 1660 y 1675 aproximadamente, ya que su morfología y el tratamiento técnico y estético de la ornamentación coincidiría con las obras finales ejecutadas por Juan Laureano en Jerez antes de su marcha a Sevilla, en especial con la custodia procesional que realizó para la Cofradía del Santísimo Sacramento asentada en la Iglesia Parroquial de San Miguel, ejecutada en 1674.

"Aproximación a la platería de las hermandades penitenciales jerezanas"
Dra. Dª Mª Dolores Barroso Vázquez.
Del libro "Jerez en Semana Santa". 1996.

 

Manto Manto

285 x 240 cms.
Siglo XVIII

De la época de la Orden Tercera la Hermandad conserva algunos enseres de gran valor artístico, entre ellos hay que destacar el pendón de los Siete Cuchillos, el manto y la corona de la Virgen.

El manto está diseñado en terciopelo rojo, con decoración floral rodeado por un encaje

"Servitas"
Editado por la Caja Ahorros San Fernando

 

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