Unas palabras de agradecimiento E-mail
Sábado, 04 de Abril de 2009

Breve alocución que Manuel Ruiz-Cortina Reimóndez dirigió a la Hermandad una vez impuesta la Medalla de Oro.

 

Hermanos:

Voy a ser breve.
Pero permitidme que lea lo que os quiero decir, pues no quiero que se me olvide nada.

Gracias de todo corazón a mi Hermandad.
Gracias a nuestra Junta de Gobierno.
Y gracias a nuestro Hermano Mayor: "Fran", por este honor que acabas de poner sobre mi pecho.

Un honor que, en forma alguna, me merezco. Y al decir esto no peco de inmodesto sino que digo, realmente, la verdad.

Si he hecho algo en mi Hermandad, no ha sido más que cumplir con mi obligación, de la mejor forma que he sabido hacer, y con el sentido de responsabilidad que mi cariño y devoción a Nuestra Madre me pedía.

Soy el más indigno de los poseedores de esta Medalla de Oro.

Considero una atrocidad, ante mi poca valía, el entrar a forma parte de ese grupo de solo seis personas que hasta ahora venía engrosando esa lista.

La verdad es que en lo único que si creo poder compararme con ellos es en el amor y devoción a esta Imagen bendita y el cariño hacia su Hermandad.

Por todo ello no me puedo olvidar, ni quiero que esta Hermandad lo haga, de esos otros hermanos que han pasado ya a la presencia del Padre y que lo dieron todo, en vida, por esta Cofradía:

Pongo como ejemplo a Juan Pedro López O'ferrall, penúltimo Prioste de esta Antigua y Venerable Hermandad cuya religiosidad y sencillez fueron piezas claves en la transformación integral de nuestra Hermandad y Cofradía.

O de mi hermano Paco, allanador siempre de mis caminos iniciales en la Hermandad, y cuyo sentido cofradiero y cristiano fueron claves en momentos críticos de esta Corporación.

Ellos, como otros muchos, no han sido distinguidos -hasta ahora- con una medalla como la que acabáis de imponerme.

Pero quiero también acordarme y recordar aquí, a esos otros que aún forman parte de nuestro entorno y que creo también merecedores -más que yo- de poder ser considerados Medalla de Oro de nuestra Hermandad.

Así, y sin querer con esto hacer limitación alguna, traigo a nuestra memoria a Tomás Mantaras García Figueras, hombre fiel y entregado a la Hermandad de su padre y con el que compartí muchos años en más de una Junta de Gobierno.

O de Antonio Jaén Pacheco, trabajador incansable y de cuyos esfuerzos y entrega son mudos testigos estos muros que nos contemplan.

Y ya termino.

Esta Medalla yo no la pedí. Ni siquiera pasaba por mi imaginación el poder ser algún día poseedor de ella. Pero os prometo, mejor aún, os juro, que desde hoy mismo trataré por todos los medios de ser digno de ella.

¡Muchas gracias!

 

En los próximos días

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13 de Mayo a las 15:00 horas

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